Mulas del lavado de dinero en Chile.

Mulas del lavado: el auténtico rastro de 800 cuentas rotas

Afuera, la nieve de Boston golpea el cristal con una rítmica indiferencia que me devuelve a las noches de guardia en la redacción de Caracas, aunque aquí el frío no huele a asfalto caliente sino a encierro y café recalentado. Son las tres de la mañana y el resplandor de mi monitor proyecta sombras largas sobre la pared, mientras intento descifrar cómo las mulas del lavado se convirtieron en el engranaje humano que sostiene imperios invisibles en el sur del continente.

La verdad es que, en el fondo, nadie sospechaba que detrás de una simple transferencia de un «favor» se escondía una red que solo en Chile ha logrado mover más de 75 mil millones de pesos mediante mecanismos que desafían cualquier lógica bancaria tradicional. Honestamente, testifico esto con la amargura de quien sabe que la necesidad es hoy el cebo más efectivo para que ciudadanos comunes terminen entregando su nombre a organizaciones criminales transnacionales como el Tren de Aragua.

Recuerdo vagamente a un muchacho que conocí en una plaza de Santiago, creo que se llamaba Rivas, que me decía con una sonrisa nerviosa que le pagaban por «arrendar» su cuenta RUT por unas horas. Bueno… no se equivocaba en la mecánica, pero ignoraba que estaba siendo una pieza móvil en una arquitectura de engaño que en apenas cuatro años utilizó más de 800 cuentas bancarias para dispersar fondos de extorsiones y secuestros.

En realidad, la figura de la mula bancaria es un puente dinámico, un transportador de fondos que, a diferencia del testaferro —que es una estatua legal para ocultar bienes—, se mueve para fragmentar el rastro del dinero antes de que el Estado pueda reaccionar. Es un sistema de «pitufeo» digital donde el anonimato se compra con una comisión y se paga, a menudo, con una citación a la fiscalía que nadie vio venir.

Mulas del lavado y el asombro del Tren de Aragua

La arquitectura de este fraude es, la verdad sea dicha, una bofetada a la seguridad que nos prometieron en la era de las aplicaciones móviles. Me enteré de que incluso ejecutivas de instituciones como BancoEstado y el Santander terminaron enredadas en los cables de esta organización, facilitando el traslado de dineros hacia empresas de papel con nombres que suenan a innovación, pero huelen a fachada.

La fiscalía regional Metropolitana Sur ha tenido que reconstruir una ruta de sangre y lodo que termina en cárceles de Colombia, donde líderes como un tal «Bobby» administran el botín que las mulas del lavado enviaron fraccionado al extranjero. Todos lo sabemos, pero preferimos pensar que nuestro número de cuenta es inofensivo hasta que el Ministerio Público congela hasta el último de tus ahorros por un error de juicio de un segundo.

Incluso hay casos que parecen sacados de una película de terror financiero, como las estafas de «matanza de cerdos» o pig butchering que drenaron 67 millones de dólares de adultos mayores en Estados Unidos para inyectarlos en la Zona Franca de Iquique. La verdad es que… bueno, utilizaron 119 sociedades comerciales divididas en categorías cínicas: empresas kamikazes para recibir, intermediarias para triangular y consolidadas para integrar el veneno al sistema formal.

En este exilio he aprendido que el crimen organizado asiático y el venezolano comparten hoy los mismos cables chilenos, reclutando a gente que, por desconocimiento o urgencia, acepta recibir depósitos que no se condicen con su capacidad económica declarada.

Honestamente, el mercado de estas cuentas atraviesa dificultades porque la Unidad de Análisis Financiero (UAF) ha empezado a notar patrones que antes eran invisibles. Entre 2019 y 2023 se condenó a 395 personas en Chile por lavado de activos, un hito que demuestra que el rastro del efectivo —que sigue siendo el rey con un 94,9% de presencia en los casos— siempre termina dejando una huella térmica. La paradoja es casi poética: usamos la tecnología más avanzada para ocultar lo que al final el análisis de una simple factura o de una dirección IP termina revelando en un allanamiento masivo.

El engranaje del silicio y la trampa del pitufeo

Bueno… a veces me pregunto si realmente entendemos el riesgo legal de prestar el Bizum o la tarjeta a un extraño que jura estar en aprietos. La legislación chilena, según me explicó un abogado que conocí en un foro virtual, no distingue si usted fue engañado o si fue cómplice voluntario cuando el dinero circula por su cuenta. La Ley 19.913 es clara: puede ser imputado por blanqueo de capitales bajo la modalidad de imprudencia grave, lo que significa que «debía saber» que ese depósito de un millón de pesos no era una herencia caída del cielo.

En realidad, el deber de indagación es hoy una obligación ciudadana en un mundo donde las señales de alerta, como los prepagos de créditos en efectivo o los giros rápidos bajo el umbral de los diez mil dólares, son reportados diariamente.

La verdad es que la psicología detrás del cumplimiento, lo que llaman behavioral compliance, dice que las personas decidimos bajo presión y metas comerciales que nublan el juicio. Un ejecutivo bancario puede pasar por alto una rendición de gastos incompleta de un cliente estrella simplemente por no perder una comisión, normalizando un riesgo que luego se convierte en una investigación patrimonial de años.

Recuerdo que en los valles del Tuy se decía que el silencio es oro, pero aquí el silencio ante una operación sospechosa cuesta hasta 5.000 unidades de fomento en multas para las instituciones que callan. Es una carrera armamentista donde los criminales usan inteligencia artificial para crear deepfakes y correos de phishing perfectos, mientras nosotros seguimos confiando en el candadito verde del navegador.

A veces me quedo mirando el parpadeo del cursor, pensando en los 191 expedientes de sentencias definitivas que la UAF analizó recientemente. La mayor parte del daño ocurre en la Región Metropolitana, pero las cicatrices llegan hasta Arica y Tarapacá, donde el contrabando y el tráfico de drogas encuentran en las mulas del lavado su mano de obra más barata y descartable.

La verdad es que el sistema penal chileno busca hoy al «cooperador necesario», aquel que sin su número de cuenta la estafa simplemente no hubiera podido consumarse. Al final, lo que queda es un historial bancario dañado para siempre y la imposibilidad de volver a pedir un crédito para una casa real en un mundo físico que ya no perdona los errores digitales.

Mañana volveré a revisar los informes sobre la debida diligencia y los registros de beneficiarios finales que el Ministerio de Hacienda intenta implementar para 2025. El radiador ha dejado de sonar y la habitación ha quedado en una quietud absoluta, rota solo por la sospecha de que, cada vez que alguien acepta un depósito injustificado, se está cerrando una puerta que no volverá a abrirse. Quizás la pregunta no es cuánto te pagan por prestar tu nombre, sino cuánto vale tu libertad frente a una pantalla que todo lo registra y nada olvida.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Dustin Wallace
Dustin Wallace

Dustin Wallace investiga abusos de poder en gobiernos estatales y federales, con enfoque en contratos opacos, sobornos y desvío de fondos públicos. Fue parte del equipo de investigación del Los Angeles Times y ha colaborado con ProPublica. Usa solicitudes FOIA, análisis financiero y fuentes internas verificadas. Estudió Ciencias Políticas en la University of Chicago y tiene una maestría en Periodismo de Investigación de Columbia University.

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