Puerto de Manzanillo y la ruta del fentanilo vinculada a corrupción aduanera y narcotráfico

Puerto de Manzanillo: el aventurero fraude de 4 capos

Apoyado en el mostrador de fórmica de una pizzería de paso en Houston, Texas, mientras el extractor de grasa zumba con un ritmo monótono y el olor a masa tostada flota en el aire pesado de la noche, leo los cables que llegan desde Colima. Los reportes confirman que el puerto de Manzanillo sigue siendo la joya de la corona del tráfico marítimo, un nodo donde la legalidad y el crimen se funden bajo el sol abrasador del Pacífico mexicano. Para quienes salimos de Venezuela llevando a cuestas el recuerdo de los muelles militarizados de Puerto Cabello, esta silenciosa entrega del control aduanero a las mafias tiene un eco amargo y conocido.

La historia de esta infiltración comenzó a fraguarse en 2012, cuando los carteles mexicanos decidieron introducir un nuevo producto que alteraría para siempre las dinámicas del mercado ilegal global: el fentanilo. Hasta ese momento, cualquier obstáculo aduanero se resolvía con un túnel improvisado bajo la frontera o con submarinos construidos de manera artesanal para esquivar a los guardacostas. Pero el fentanilo planteó una dificultad técnica sin precedentes, debido a que su síntesis requiere de toneladas de precursores químicos importados de manera ininterrumpida desde el continente asiático. No informo por simple pasatiempo; lo hago para testificar sobre cómo el comercio legítimo sirve de escudo para este veneno.

Para mover cargamentos de semejante escala con regularidad semanal, las redes criminales comprendieron de inmediato que necesitaban tener acceso a una terminal marítima gigante en la costa occidental mexicana. La única infraestructura capaz de asimilar semejante flujo comercial es Manzanillo, el puerto de contenedores más grande del territorio, que paradójicamente figura como la zona más vigilada de la nación. El recinto cuenta con laboratorios químicos de última generación, miles de cámaras de seguridad de alta resolución y modernos escáneres de rayos gamma diseñados para ver a través de las paredes de metal sin abrir los contenedores. Un laberinto técnico custodiado por agencias federales que, en teoría, debería ser impenetrable.

Sin embargo, el CJNG (Cartel de Jalisco Nueva Generación) logró resolver este enigma construyendo una sofisticada estructura que opera en paralelo a la administración aduanera oficial. El origen de la materia prima se localiza en los complejos industriales de China, un país que oficialmente asegura cooperar en el combate al tráfico de sustancias sintéticas. Las investigaciones del Congreso estadounidense revelaron que el gobierno chino ofrece reembolsos de impuestos a las industrias químicas que exportan precursores a nuestra región. Además, las agencias de inteligencia documentaron que varias corporaciones estatales chinas poseen acciones en estas fábricas, alertándolas de manera confidencial antes de que las fuerzas policiales ejecuten allanamientos en sus sedes.

La flexibilidad de la síntesis química permite a los laboratorios asiáticos burlar las clasificaciones legales con asombrosa facilidad. Cada vez que los reguladores prohíben una sustancia específica, las fábricas simplemente retroceden un eslabón en el proceso de producción y comienzan a despachar el químico que permite elaborar el precursor prohibido. Cuando en 2019 se restringieron los compuestos más conocidos, conocidos bajo las siglas de NPP y 4-ANPP, los proveedores en China comenzaron a enviar ingredientes legales que se usan de manera cotidiana por empresas farmacéuticas legítimas, como el cloruro de bencilo o el piperidona. El veneno solo se consolida en los laboratorios clandestinos de la Sierra Madre.

El asombroso puerto de Manzanillo y la ruta del fentanilo

Para resguardar estos lotes, las firmas asiáticas recurren a argucias de etiquetado sumamente sencillas pero efectivas. Una de estas comercializadoras, una firma identificada como Marvel Biotech, fue expuesta en un operativo encubierto donde ofrecía enmascarar los químicos de fentanilo declarándolos como alimento para perros, nueces de nogal o aceite lubricante para motores. Las páginas de estas empresas incluían anuncios explícitos con leyendas que garantizaban entregas exitosas a México. El verdadero desafío consiste en el enorme volumen: con miles de contenedores ingresando de manera diaria, la probabilidad estadística de inspección apenas ronda el diez por ciento, una ventana de oportunidad que el cartel explota sistemáticamente.

Para blindar estas operaciones, el grupo delictivo colocó a cargo de la aduana a operadores de alto nivel que gestionan los pagos y las presiones burocráticas cotidianas. Entre estos intermediarios destaca un sujeto conocido bajo el alias de ‘Chaparrito‘ (Aldrin Miguel Jarquín Jarquín), a quien la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos sancionó formalmente en octubre de 2021 junto a otros tres colaboradores de confianza. El trabajo de estos hombres consiste en manejar las relaciones y los sobornos, un departamento de recursos humanos que funciona al amparo de la ley oficial. En los muelles, un inspector puede recibir una fortuna por desviar la mirada durante una breve revisión de escasos diez minutos.

La solidez de este sistema informal de pagos paralelos compite de manera directa con las remuneraciones del propio Estado mexicano. Aunque las cifras oficiales del cartel se mantienen bajo secreto judicial, las estimaciones basadas en puertos europeos de gran calado indican que un estibador puede percibir hasta cien mil euros por autorizar el paso de un solo contenedor sospechoso. La oferta de los brokers aduaneros resulta imposible de rechazar para la mayoría de los trabajadores, debido a que la negativa conlleva una sentencia de muerte casi inmediata. El cartel no tolera la honestidad ni los bloqueos técnicos dentro de la infraestructura que considera propia.

El destino del funcionario Sergio Emmanuel Martínez Covarrubias —o Sario Emanuel, según figura en algunas minutas internacionales— dejó clara esta sangrienta regla de juego. El funcionario fue nombrado subadministrador de aduanas de la terminal marítima en mayo de 2023, en reemplazo de un capitán naval retirado. Apenas dos semanas después de asumir el cargo, un comando armado lo interceptó al salir de un restaurante de mariscos en Colima, y su cuerpo sin vida apareció en el arcén de la autopista cuarenta y ocho horas después. El mensaje para todo el personal aduanero fue contundente: se acepta el dinero o se asume el plomo.

El rastro del cartel de Jalisco bajo el control de la Marina

En un intento desesperado por contener el avance de la corrupción, el gobierno federal entregó formalmente el control de todos los puertos del país a la Marina en 2021. Sin embargo, esta militarización no logró purgar las aduanas, debido a que varios mandos navales terminaron involucrados en desvíos de combustible robado. Aunque las autoridades militares intentaron justificar estos incidentes como faltas aisladas de disciplina, el rastro contable del dinero demostró que los oficiales involucrados operaban bajo el mismo sistema de incentivos financieros del narcotráfico. La Marina, que se pensaba incorruptible, cayó en las mismas redes de financiamiento paralelo que pretendía combatir.

El poder real del cartel sobre esta infraestructura estratégica se evidenció en febrero de 2026, cuando fuerzas especiales abatieron al líder del grupo delictivo, un capo conocido bajo el alias de ‘El Mencho‘ (Nemesio Oseguera Cervantes), en un club de campo en las afueras de Guadalajara. Su muerte desencadenó una oleada de violencia sin precedentes que bloqueó carreteras en doce estados y provocó incendios de estaciones de combustible. Ante la crisis, la administración marítima ordenó la suspensión inmediata de las actividades de carga. Sin embargo, la medida de cierre duró escasas dos horas, debido a que los mandos de la Marina ordenaron la reapertura al constatar que la economía nacional colapsaría si la terminal se detenía una sola tarde.

Apago la tableta mientras el pizzero saca del horno la última bandeja metálica de la noche. Observo a los pocos clientes que quedan en el local, ajenos por completo a las deudas de sangre que financian la globalización que disfrutamos. El cartel de Jalisco logró consolidar un poder que ningún ejército puede apagar sin detener, al mismo tiempo, el motor comercial de su propio país. Saco unos billetes para pagar la cuenta y salgo al aire húmedo de Houston, convencido de que la verdad de Manzanillo sigue oculta tras el brillo inofensivo de las miles de cajas que cruzan el océano todos los días.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Trevor Hayes
Trevor Hayes

Trevor Hayes cubre narcotráfico y crimen organizado en América desde hace más de una década. Trabajó con el Miami Herald y ha participado en investigaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Su reporteo se basa en documentos judiciales, registros de inteligencia y fuentes verificadas. Estudió Periodismo en la University of Texas at Austin y tiene una certificación en Seguridad Nacional del Center for Investigative Reporting.

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