
El asesino que Google Translate entregó a EE.UU.

El 24 de febrero de 2026, Denis Alimov pasó por la aduana del aeropuerto El Dorado en Bogotá con una maleta ligera y un pasaporte falso. Vestía como un turista ruso escapando del invierno: barba salpicada de gris, pantalón cómodo, destino Cartagena. Nadie lo miró dos veces.
Menos de diez minutos después, estaba esposado.
Lo que no sabía Alimov —lo que nunca imaginó— es que el FBI llevaba meses leyendo cada una de sus órdenes. No por un topo. No por una filtración. Sino porque él mismo, el agente estrella de la unidad de asesinatos más secreta de Rusia, usaba Google Translate para hablar con su sicario.
El nacimiento de una sombra
Center 795 no nació de la ambición. Nació de la vergüenza.
Entre 2018 y 2022, la Unidad 29155 del GRU —responsable del envenenamiento en Salisbury, el golpe fallido en Montenegro— se convirtió en un chiste entre servicios de inteligencia occidentales. Sus agentes usaban pasaportes numerados en secuencia. Robaban fondos del Estado para mantener amantes en París. Sus biometrías estaban en cada base de datos fronteriza fuera de Rusia.
El Kremlin no podía deshacerse de ellos —la guerra en Ucrania exigía cada cuerpo— pero sí crearles competencia.
Así nació Center 795: 500 hombres, reportando directamente al jefe del Estado Mayor, Valery Gerasimov. Tanques T-90A. Cohetes Smerch. Drones Orlan. Y una cubierta perfecta: la empresa Kalashnikov, fabricante de fusiles icónicos, propiedad en parte del oligarca Andrei Bokarev.
Los agentes figuraban en nómina como “ingenieros de pruebas de disparo”. Sus entrenamientos, como “ensayos balísticos”. Su cuartel general, el complejo Patriot Park, a las afueras de Moscú.
El hombre que no hablaba serbio
Denis Alimov era de los mejores. Veterano de Alfa, la unidad de élite del FSB. Tres veces condecorado con la Orden del Valor. Campeón nacional de tiro con armas de combate.
En 2023, lo reclutaron para Center 795. Su misión inicial: localizar a un sobrino disidente de Ramzan Kadyrov en Moscú. Nada espectacular. Pero para fines de 2024, su cartera cambió.
Blancos: disidentes chechenos en Europa. Especialmente la familia Zakaev —Akhmed Zakaev, primer ministro en el exilio de la República Chechena de Ichkeria, enemigo jurado de Kadyrov.
Recompensa: 1.5 millones de dólares por cabeza. Vivo o muerto. Preferiblemente “deportado legalmente” a Rusia.
Para operar en el terreno, Alimov necesitaba un hombre en Europa. Lo encontró en Darko Durovic, un serbo-croata residente en Estados Unidos. El problema: Alimov hablaba ruso. Durovic, serbio. Ninguno dominaba el idioma del otro.
Su solución fue… Google Translate.
El error que no tenía perdón
Durovic escribía en serbio. La app lo convertía a ruso. Alimov respondía en ruso. La app lo devolvía a serbio. Todo pasaba por servidores en California.
El FBI, con una orden judicial, leyó cada mensaje en tiempo real. Incluso mejor que un micrófono: ya venía transcrito.
“No puedo confirmar la ubicación en Nueva York… volveré el 20 de diciembre… él finge estar siempre en la UE para ocultar su rastro, pero en realidad pasa la mayor parte del tiempo en EE.UU.”
“La villa blanca, junto al mar… cerca hay un símbolo islámico en la puerta… hay varias así, pero lo encontraremos.”
Durovic incluso buscó en Google: “Glock 17”, “Glock 21”, “dónde comprar una 22 en Podgorica”.
Alimov le dio 60,000 dólares de anticipo en un restaurante a metros del cuartel general del FSB en Lubyanka. Le prometió 1.5 millones por cada objetivo. Y mencionó un tercero: “muerto o vivo, más de 10 millones”.
Nadie en Moscú imaginó que la herramienta más letal no era el fusil, ni el dron, ni el cohete Smerch.
Era un traductor gratuito.
El precio de la arrogancia
Durovic fue arrestado en marzo de 2025. Alimov, inexplicablemente, siguió operando.
En febrero de 2026, decidió viajar. Día 24: Día del Defensor de la Patria, fecha sagrada para los servicios rusos. Compró un vuelo Moscú-Istambul-Bogotá. Reservó hotel en Cartagena.
Un día antes de partir, intentó comprar un teléfono prepago en Moscú. Como si eso borrara meses de rastros digitales.
Al bajar del avión en Bogotá, la Interpol ya lo esperaba. Una alerta roja activada mientras volaba.
Hoy está en una celda colombiana. Pronto será extraditado a Nueva York. Enfrenta cadena perpetua.
La sombra expuesta
Lo irónico no es que Center 795 exista. Es que su existencia ya no es secreta.
El organigrama interno, filtrado en una presentación tipo PowerPoint para Putin. Los nombres de sus comandantes: Denis Fisenko, Dmitry Drozdov, Sergei Radkevich. La nómina de 500 agentes. El financiamiento de Bokarev. La complicidad de Sergei Chemezov, CEO de Rostec y amigo íntimo de Putin desde sus días en la KGB de Dresde.
Todo está documentado. En archivos judiciales. En reportes de periodistas. En servidores occidentales.
Center 795 fue diseñado para ser invisible. Para operar bajo el radar. Para matar sin dejar huella.
Pero un hombre necesitó hablar con otro. Y eligió la herramienta más fácil.
A las tres de la mañana aquí en Queens, con el ruido del metro subterráneo vibrando bajo mis pies y el frío de febrero colándose por la ventana, pienso en Alimov.
No en el agente. En el hombre.
¿Cuántas veces revisó su teléfono antes de abordar ese vuelo a Bogotá?
¿Cuántas veces se dijo que esta vez sí, que nadie lo seguiría?
No lo sé.
Pero mientras escribo esto, con la espalda rígida de tantas horas frente a la pantalla y las sirenas lejanas que suben y bajan como un latido de la ciudad, me pregunto:
¿Cuántos más como él están ahora mismo tecleando órdenes en un teléfono… sin saber que alguien, en alguna parte, ya las está leyendo?
Escrito por una persona 😊, no por la IA.
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