Juan Almeida alias N33 el Hacker es relacionado con Tarek, CANTV y PDVSA en Venezuela.

N33 el hacker: 11 claves del impactante final

La noche se cierra sobre este exilio con un frío que parece venir de otro mundo, mientras en la pantalla el nombre de N33 el hacker brilla con una luz pálida y perturbadora. Me acuerdo de los días en Caracas, cuando el celular de Lilian Tintori empezó a moverse solo ante sus ojos, mostrando esa frase, «No volverán», que era como una marca de propiedad del régimen.

No era un fantasma, era Juan Manuel Almeida Morgado, un muchacho de Santa Cruz de Aragua que desde 2008 aprendió a romper candados digitales por su cuenta, sin libros, solo a punta de errores y líneas de código que nadie más veía. La verdad es que, en el fondo, todos lo sabemos: Almeida fue el artesano de un terror digital que no respetaba ni la intimidad ni las leyes.

Su ascenso no fue casualidad. Dicen que fue Tareck El Aissami quien lo reclutó para convertirlo en el operador de lo que él mismo llamó la «Trinchera 2.0» en una guerra de cuarta generación. Almeida obtuvo acceso a CANTV y a los servicios de inteligencia, hackeando por orden superior a figuras como Gerardo Blyde y hasta al mismo Jorge Rodríguez para evitar acuerdos políticos. Pero no se quedó ahí. La lista de sus víctimas es un quién es quién del periodismo y la política: Nelson Bocaranda, Alberto Federico Ravel, Carla Angola, Ibeyise Pacheco y Leonardo Padrón sufrieron el asedio de sus dispositivos. Honestamente, Juan Almeida disfrutaba exhibiendo las vidas privadas de los demás en blogs creados solo para la humillación.

Los hermanos y el negocio de n33 el hacker

Pero la ambición de N33 el hacker no se limitaba a robar contraseñas; junto a sus hermanos Jorge Luis y Carlos Jesús, montó una estructura que la justicia llamó el GEDO N33. Operaban desde un galpón en la zona industrial de Maracay bajo el nombre de CryptoMiner JA, donde manejaban granjas de minería digital de criptomonedas.

Se convirtieron en los operadores tecnológicos de la enorme trama de saqueo PDVSA-Cripto, manipulando sistemas para desviar fondos de las ventas de petróleo y productos derivados sin que el Estado viera un solo centavo. Es una ironía amarga que quienes hablaban de soberanía digital estuvieran, en realidad, vaciando las arcas del país a través de billeteras opacas.

La red de extorsión era igual de agresiva. Juan Manuel Almeida Morgado llegó a pedirle veinte mil dólares a la periodista Maibort Petit para devolverle el control de su blog. Incluso vigilaba a los suyos: fue él quien filtró los audios de Mario Silva insultando a Diosdado Cabello y a Maduro, demostrando que en su juego el poder consistía en decidir cuándo soltar la información para destruir a cualquiera.

Su soberbia era tal que no negaba sus ataques; al contrario, le dejó mensajes grabados a Berenice Gómez, «La Bicha», atribuyéndose el hackeo con orgullo y asegurando que no se arrepentía de nada. Bueno… todos lo sabemos, cuando alguien se siente intocable, suele olvidar que los protectores de hoy son los verdugos de mañana.

El arsenal y las credenciales de n33 el hacker

Cuando finalmente el SEBIN —el mismo organismo al que Juan Almeida sirvió como confidente durante años— tocó a su puerta el 3 de abril de 2023, lo que encontraron fue el reflejo de un hombre que se creía por encima del bien y del mal. En su vivienda de Palo Negro, los funcionarios hallaron un verdadero arsenal de guerra: cuatro granadas de mano de distintos modelos (CAVIM Cs, Cóndor GL309 y ATL CS) y hasta imágenes de Almeida portando un fusil de asalto.

No era solo un informático; era un hombre armado que se movía con total libertad por el territorio nacional gracias a salvoconductos oficiales que lo acreditaban como Oficial de Seguridad de la Vicepresidencia de la República y de la Sudeban.

La verdad es que su caída fue tan ruidosa como su vida. Juan Almeida intentó «chapear» a los agentes que lo detenían, mostrándoles fotos donde posaba con ministros, diputados y presidentes de instituciones para evitar que lo subieran a la camioneta. Pero el viento ya había cambiado de dirección. Fue expuesto y humillado con la misma camisa naranja que el régimen reserva para los que caen en desgracia. Lo acusaron de traición a la patria y apropiación del patrimonio público, terminando con su reinado de terror y corrupción en una trama que ya se ha cobrado la vida de dos personas bajo custodia estatal.

El final silencioso y las dudas sobre n33 el hacker

El desenlace ocurrió el 15 de mayo de 2023. Tarek William Saab anunció que Almeida había muerto en su residencia, bajo una medida de arresto domiciliario que le fue concedida por sufrir de una supuesta cirrosis hepática terminal.

Su esposa confirmó en redes que había sufrido mucho antes de partir, pero la verdad es que su muerte, al igual que la de Leoner Azuaje Urrea en una celda, ha dejado un rastro de dudas que nadie se atreve a despejar en voz alta. Es un patrón que ya conocemos: en este tipo de tramas, cuando alguien sabe demasiado, la vida se le escapa entre las manos de forma poco transparente.

Me pregunto, mientras reviso mi celular dos veces antes de cerrar la computadora, cuántos otros están operando ahora mismo bajo la sombra de un carnet oficial. La historia de Almeida es la de una herramienta útil que fue desechada cuando el régimen necesitó un culpable para justificar el desastre económico.

Al final, lo apagaron, como él hacía con las pantallas de sus víctimas, dejando atrás un legado de espionaje, armas y millones de dólares desaparecidos en el éter de la minería digital. Y entonces, cuando el silencio del arresto domiciliario se vuelve definitivo, lo único que queda es la pregunta de quién dio la orden de apretar el botón esta vez.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Ethan Brooks
Ethan Brooks

Ethan Brooks es periodista de investigación especializado en política interna de EE.UU. y su impacto global. Trabajó en The Boston Globe y colaboró con Reuters en coberturas sobre elecciones, seguridad nacional y alianzas en América Latina y Asia. Estudió Ciencias Políticas en Yale y tiene una maestría en Estudios Internacionales de la Fletcher School (Tufts).

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