Expediente de investigación sobre GAESA con documentos corporativos, organigrama de control empresarial, informes financieros y archivos confidenciales en una composición editorial minimalista.

Gaesa: la empresa fantasma oficial y su impacto desde 1995

La lluvia golpea con una cadencia metálica el techo de un cobertizo vecino, un sonido que me transporta a las tardes de tormenta en Caracas mientras analizo el rastro de Gaesa: la empresa fantasma que hoy sostiene los hilos de Cuba. No es una compañía cualquiera; es un pulpo que no tiene correo electrónico, ni página web, ni rinde cuentas a nadie, pero que en realidad controla casi la mitad de lo que se mueve en la isla.

Escribo estas líneas mientras el café se enfría, pensando en cómo una estructura militar puede engullir una nación entera sin dejar un solo rastro público de sus cuentas, operando como un error del sistema que ni siquiera el congreso local tiene permiso de auditar.

Todo comenzó en 1995, cuando el bloque soviético se hizo pedazos y Cuba entró en lo que llamaron con cinismo el periodo especial. El hambre era una sombra constante, no había luz y el ejército no tenía ni para pagar a su propia gente. Fue entonces cuando Raúl Castro, en aquel entonces ministro de las fuerzas armadas, convenció a su hermano Fidel de crear una estructura que pudiera manejar dólares, lejos de la ideología de los enemigos del norte pero cerca de la supervivencia militar.

Así nació el Grupo de Administración Empresarial S.A. (Gaesa), una entidad que al principio pareció funcionar para recuperar hospitales y educación, pero que en el fondo guardaba un hambre de poder mucho más voraz.

Gaesa: la empresa fantasma y el origen del control

En 2008, el cambio oficial de mando entre los hermanos Castro aceleró la glotonería de este monstruo corporativo. Bajo la dirección del yerno de Raúl, el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, la organización empezó a tragarse las empresas estatales más rentables de forma sistemática. El bocado más grande ocurrió cuando se hicieron con una firma llamada Cimex, quedándose de golpe con casi setecientas gasolineras, los supermercados, el único servicio de internet de la isla y, lo más lucrativo, el negocio de las remesas que los cubanos envían desde el exterior.

Pero el golpe definitivo de autoridad económica ocurrió en 2016. Mediante una orden firmada por Raúl Castro, la organización tomó el control del Banco Financiero Internacional, la entidad que mueve cada dólar que entra o sale del país.

Recuerdo haber visto algo parecido en los puertos venezolanos hace años, cuando hombres de uniforme empezaron a decidir qué llegaba y quién cobraba; es una sensación de desamparo institucional que se te queda grabada. Honestamente, todos lo sabemos, cuando un solo grupo militar controla el banco central de facto y el puerto más grande del país, el gobierno estatal pasa a ser un simple adorno decorativo.

Gaesa: la empresa fantasma tras la banca y el turismo

La verdad es que la maquinaria funciona con un truco técnico de dos monedas que es, en realidad, un despojo. Cobran a los turistas en dólares pero pagan a los obreros locales en pesos devaluados, obteniendo márgenes de beneficio que hoy superan el quinientos por ciento debido a la inflación galopante. Además, se han quedado con los negocios que producen divisas, como el turismo y las misiones médicas internacionales, donde se quedan con la mayor parte del sueldo de los sanitarios, mientras abandonan sectores que solo dan pérdidas, como la agricultura o la sanidad pública para el pueblo.

Cualquier intento de transparencia ha sido aplastado con una eficiencia terrorífica. En 2021, un ministro de las fuerzas armadas intentó abrir una investigación interna y fue relevado de inmediato. Lo mismo ocurrió en 2024, cuando la controladora general del país mencionó que el estado no tenía poder para auditar a este gigante; dos meses después de nombrar a quien no debía ser nombrado, la mujer fue apartada de su cargo tras catorce años de servicio. Se calcula que la organización guarda más de catorce mil millones de dólares en cuentas bancarias por todo el mundo, aunque el secreto es tan profundo que nadie puede dar una cifra exacta con seguridad.

Gaesa: la empresa fantasma frente al abismo de 2026

Pero el calendario marcó una fecha crítica que parece el final de un largo viaje: el 5 de junio de 2026. Una orden ejecutiva desde Washington ha puesto un plazo de muerte para cualquier relación comercial con este pulpo militar. La verdad es que el impacto ya se siente; cadenas hoteleras españolas como Meliá ya han cerrado quince de sus treinta y cuatro hoteles, e Iberostar ha soltado una docena de sus propiedades. El golpe definitivo llegó el sábado 6 de junio, cuando las redes internacionales de tarjetas de crédito dejaron de funcionar en la isla, cortando de un tajo el cordón financiero con el resto del planeta.

Es un escenario de desastre para un turismo que ya venía agonizando. Mientras el pueblo sufre apagones diarios y falta de combustible, la organización se gastó el año pasado doscientos millones de dólares en construir el hotel más alto de Cuba, una torre de cuarenta y dos plantas que hoy permanece casi vacía.

Es la ironía más amarga de esta historia: un país que fue el mayor productor de azúcar del mundo ahora tiene que importarla desde Estados Unidos para poder comer, porque la industria nacional fue devorada por la desidia de quienes solo miraban los dólares del turismo.

Me pregunto qué quedará cuando el régimen finalmente caiga y se descubra a dónde fue a parar todo ese dinero guardado en paraísos fiscales como Panamá. El nieto de Raúl Castro, a quien apodan el cangrejo, sigue viajando en aviones privados mientras los cubanos hacen colas interminables por un pedazo de pan. Al final, en este juego de sombras y uniformes, los que siempre terminan pagando la cuenta son los que no tienen nada… o casi nada.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Dustin Wallace
Dustin Wallace

Dustin Wallace investiga abusos de poder en gobiernos estatales y federales, con enfoque en contratos opacos, sobornos y desvío de fondos públicos. Fue parte del equipo de investigación del Los Angeles Times y ha colaborado con ProPublica. Usa solicitudes FOIA, análisis financiero y fuentes internas verificadas. Estudió Ciencias Políticas en la University of Chicago y tiene una maestría en Periodismo de Investigación de Columbia University.

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