
Freddy Salas, el técnico gris que desvió la esperanza de Ecuador

Freddy Edward Salas Neuman siempre tuvo ese aire de técnico gris, de los que prefieren que los planos hablen por ellos mientras el poder real se cocina en otros despachos. En las oficinas de Quito, donde se decidía el destino de la Refinería del Pacífico, su firma valía millones, aunque hoy solo sirva para encabezar expedientes judiciales. La verdad es que, bajo el amparo de la estatal petrolera venezolana, Freddy Salas se convirtió en el engranaje necesario para que el dinero de los brasileños fluyera sin despertar sospechas… o al menos eso creían ellos.
Pero el olor del café recalentado en esta oficina de exilio me hace pensar en las mañanas de Manabí, donde la tierra prometida de El Aromo terminó siendo solo un inmenso desierto de polvo y promesas rotas. Allí se enterraron mil quinientos millones de dólares en una obra que no refinó ni un solo barril. Lo que sí se refinó fue el sistema de peajes. Salas Neuman, según los papeles de la justicia ecuatoriana, pactó una tajada de ocho millones quinientos mil dólares. Seis millones se justificaron con el movimiento de tierras y los otros dos millones y medio con ese acueducto que llamaron, casi con burla, La Esperanza.

Y para mover semejante botín no bastaba con maletines. Hacía falta una arquitectura de sombras. Ahí es donde aparecen nombres que hoy suenan a condena: Golden Engineering Services fue el vehículo principal, la cuenta donde caían los depósitos de la constructora brasileña para que Salas Neuman cobrara sus servicios. Pero no estaba solo en este baile. En el fondo, todos lo sabemos: la red necesitaba nodos en todas partes. Estaba Edgar Arias Quiroz con su empresa Columbia Management en Panamá, usada para triangular el efectivo, y esa otra estructura llamada Sentinel Mandate & Escrow Ltd en las Islas Vírgenes, que servía para que funcionarios como Carlos Villamarín también recibieran lo suyo.
Bueno… la memoria a veces me falla con los detalles exactos, pero creo que fue en agosto de 2017 cuando todo voló por los aires. Los delatores empezaron a hablar de “Tío”, el código que ocultaba a Ricardo Rivera, el enlace directo con el entonces vicepresidente Jorge Glas. Entre transferencias a empresas como Glory International Industry y facturas infladas de subcontratistas como Equitransa y Tramo S.A., propiedad de Kepler Verduga, el desfalco se volvió una evidencia que ni el poder político pudo tapar. También aparece involucrado Alexis Arellano que se desempeñó como gerente general en PDVSA Ecuador.
A veces me detengo a mirar el mapa y trato de imaginarme la ruta de ese dinero. Freddy Edward terminó huyendo, refugiándose en una Caracas que lo protege con el muro de la no extradición. Pero antes de ser una sombra en Venezuela, su rastro quedó pegado a una empresa que hoy sigue operando: Thronson Internacional de Venezuela C.A., mejor conocida como Tivenca. Allí, Salas Neuman encontró un lugar como gerente de desarrollo de proyectos bajo el ala de Abelardo S. Bravo, el accionista y presidente de la compañía que también terminó bajo la lupa por movimientos bancarios que cruzaron la frontera hacia Estados Unidos. Honestamente, es una cadena de favores que no termina de romperse.
La justicia de Ecuador podría imponerle seis años de reclusión por asociación ilícita, pero en realidad, su caso es solo un papel guardado en un cajón mientras él camina tranquilo por las calles de Venezuela. Quizás hace unos cinco años o seis, el Tribunal Supremo en Caracas selló su impunidad definitiva al negar su entrega, alegando que a los hijos de la patria no se les entrega, aunque le hayan robado el futuro a los vecinos.
Y mientras el silencio de la noche aquí se rompe solo por el paso de un tren a lo lejos, uno se queda pensando en esos terrenos baldíos de Manta.
¿Cuántas escuelas se quedaron en el papel porque ese dinero terminó aceitando la maquinaria de una empresa que hoy sigue despachando como si nada hubiera pasado?
Escrito por una persona 😊, no por la IA.
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