Representación editorial del caso de acoso corporativo contra los periodistas David e Ina Steiner, con documentos judiciales, dispositivos de vigilancia y evidencias de una investigación federal vinculada a Devin Norse Wenig y eBay.

El decidido plan de Devin Norse Wenig y 7 condenados

Bajo la claridad de un café en Boston, sosteniendo una taza tibia para mitigar la humedad de la mañana, leo la sentencia que pone fin a un calvario de siete años. Al revisar mi teléfono, el nombre de Devin Norse Wenig sobresale como el centro de un asedio inconcebible. Aquel hombre, que dirigía la corporación eBay, acabó envuelto en un plan de acoso sistemático contra dos reporteros locales por publicar información incómoda sobre su gestión. En mi exilio, este caso evidencia que el acoso corporativo es tan implacable como la represión de cualquier dictadura.

Los afectados son David e Ina Steiner, una pareja de Natick, Massachusetts, que desde 1999 editaba de manera artesanal eCommerceBytes, un boletín especializado para pequeños comerciantes que venden en plataformas digitales. Lo que empezó como una relación profesional con eBay se deterioró a partir de 2008, cuando la firma comenzó a favorecer a las corporaciones frente a los pequeños vendedores. El blog se convirtió en un recurso popular y en una espina para la directiva, que no digería de buena gana las críticas sobre las comisiones y los cambios de política. Honestamente, nadie imaginó el costo que pagarían por ejercer su libertad.

La mecha que encendió la furia corporativa se prendió en 2019. Ina Steiner publicó dos reportajes críticos: uno sobre la remuneración de la alta gerencia de eBay y otro sobre la fastuosa construcción de una réplica de una famosa taberna neoyorquina dentro de las oficinas de San José, California, en momentos en que las ganancias corporativas caían. Estas revelaciones, que de acuerdo a las leyes eran públicas debido a que la firma cotiza en bolsa, desataron el pánico y el odio en la cúpula. La directiva sentía que su propia reputación ante los inversores peligraba, dando paso a una respuesta despiadada en las sombras.

El asombroso plan de Devin Norse Wenig y las tres fases del terror

Los mensajes internos filtrados revelaron una crueldad difícil de digerir. Al enterarse de las publicaciones, el equipo de comunicaciones, encabezado por Steven Michael Wymer, sugirió que debían ‘aplastar’ y ‘quemar hasta los cimientos’ a la reportera. Desde la oficina principal se dio una orden implícita de derribar el sitio web. El equipo de seguridad, integrado en parte por excapitanes de policía y coordinado por James Baugh, interpretó estas directrices de la cúpula como una autorización para orquestar una campaña de intimidación psicológica dividida en tres fases. El objetivo era destruir la reputación y la paz mental del matrimonio para silenciar de una vez por todas sus publicaciones independientes.

La primera fase consistió en enviar entregas anónimas y perturbadoras a la casa de las víctimas. Los Steiner comenzaron a recibir cajas con cucarachas vivas, arañas, larvas y una máscara de cerdo ensangrentada. La tortura psicológica incluyó una corona fúnebre y un libro titulado Diarios del duelo, sugiriendo una muerte inminente. Incluso intentaron mandar un feto de cerdo, pero el transportista sospechó y evitó la entrega. Estas atrocidades venían con amenazas y lenguaje obsceno en redes sociales, creando un infierno que obligó a la pareja a dormir separada por miedo a un asalto.

En la segunda fase, la campaña escaló hacia el desprestigio social y el acoso vecinal. El equipo de seguridad publicó anuncios sexuales falsos en Craigslist con la dirección exacta de los Steiner, invitando a desconocidos a su vivienda para encuentros sexuales clandestinos. También enviaron revistas de pornografía dura dirigidas a David a las viviendas de sus vecinos puerta con puerta. El plan incluía además una supuesta ‘Estrategia de Caballero Blanco‘: pretendían generar tal nivel de desesperación en la pareja para luego aparecer como los salvadores, ofreciéndose a buscar a los acosadores a cambio de que los periodistas publicaran comentarios favorables sobre la corporación.

La tercera fase rozó el absurdo policíaco. Varios agentes de seguridad viajaron de California a Boston bajo la excusa de asistir a una conferencia. Su misión secreta era vigilar la residencia familiar en Natick y colocar un dispositivo de rastreo GPS en el automóvil del matrimonio. Para el viaje, se apertrecharon con identificaciones falsas y un informe ficticio que describía a los Steiner como supuestas amenazas de interés contra eBay, listos para entregarlo a la policía local si eran detenidos. Sin embargo, su impericia técnica los delató. David notó que una furgoneta extraña lo seguía de cerca y fotografió la matrícula, que resultó ser el hilo que rompió el secreto.

La justicia penal y el asombroso destino de los ejecutivos

La policía local investigó la matrícula, descubriendo que la furgoneta estaba a nombre de Verónica Zea, una empleada de inteligencia de eBay. A partir de allí, el FBI asumió el caso como causa penal federal. Al verse descubiertos, los directores de seguridad intentaron borrar sus rastros, eliminando mensajes y conspirando para obstruir la justicia. En el juicio, que se resolvió hace algún tiempo, siete miembros de la unidad se declararon culpables de acoso. El jefe de seguridad, creo que se llamaba James Baugh, recibió casi cinco años de prisión, mientras que Zea fue condenada a confinamiento domiciliario.

Por su parte, la corporación eBay admitió seis delitos graves, firmando un acuerdo con la fiscalía de Massachusetts y pagando una multa penal de tres millones de dólares en 2024. El gran sinsentido del caso reside en que los máximos líderes que alimentaron el acoso, como Wymer y el propio director ejecutivo, esquivaron la cárcel. La fiscalía argumentó que sus mensajes, aunque inaceptables, formaban parte de un lenguaje corporativo común y no de una conspiración criminal explícita. Ambos salieron de la empresa en septiembre de 2019 antes de las acusaciones formales. Para mitigar su salida, la junta directiva le otorgó al exdirector un finiquito de unos 57 millones de dólares.

Las vueltas del destino resultan indignantes. Steven Michael Wymer hoy dirige una organización infantil en Silicon Valley orientada a causas benéficas. Mientras tanto, el exdirector ejecutivo forma parte del consejo de administración de General Motors y lidera Symbolic, una empresa emergente dedicada precisamente al desarrollo de inteligencia artificial aplicada a la comunicación de periodistas y corporaciones. Wendy Jones, exvicepresidenta de operaciones mundiales, también mantiene un puesto de prestigio en el sector de seguros de Prudential Financial. En el fondo, este desenlace nos deja claro que los responsables de coordinar este Stephen King en la vida real continúan disfrutando de su éxito, mientras las víctimas lidian a diario con las secuelas emocionales.

Recientemente, la semana pasada, se anunció un acuerdo civil que cierra el litigio. eBay y varios exejecutivos aceptaron pagar una compensación de 56 millones de dólares. De este total, 49 millones irán directo a la pareja y seis millones se destinarán a fundaciones de libertad de prensa. La defensa detalló que el exdirector de la firma tuvo que desembolsar personalmente dos millones de su bolsillo, una sanción civil que, aunque parezca menor para su fortuna, marca un precedente inmenso en el periodismo.

Más allá del dinero, Ina y David aclararon que la victoria más importante es la ausencia de una cláusula de silencio. Como periodistas, mantienen intacto su derecho a publicar la verdad de su calvario sin censura, rompiendo el velo corporativo. Doblo la tableta y apuro el trago de mi café. El murmullo del tráfico de Boston se cuela por la rendija de la puerta. Es asombroso cómo dos voces independientes lograron doblegar a este coloso mundial, demostrando que a veces, aunque el camino sea largo y doloroso, la verdad sigue siendo el último refugio.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Sophie Reynolds
Sophie Reynolds

Sophie Reynolds cubre política exterior, migración forzada y relaciones transatlánticas. Fue corresponsal de The Associated Press en Bruselas y ha escrito para Foreign Policy sobre sanciones y conflictos emergentes. Estudió Estudios Internacionales en Johns Hopkins y tiene una maestría en Periodismo Global de la Universidad de Nueva York.

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