
Botafogo y Flamengo rompen una maldición de 15 años y hacen historia en el Mundial de Clubes
Freddy Rincón levantó aquel trofeo en 2000 con la camiseta del Corinthians pegada al sudor, los ojos fijos en un horizonte que parecía imposible. Nadie en Sudamérica lo sabía entonces, pero ese gesto —un capitán colombiano alzando un título mundial con un club brasileño— sería uno de los pocos momentos de gloria en una batalla desigual que se extendería por décadas.
Y eso que empezó con empate: Real Madrid y Corinthians, dos goles cada uno, luz y caos en el campo. Pero el fútbol no perdona la memoria. Lo que fue empate en el marcador se convirtió, con el tiempo, en una derrota moral. Porque desde aquel primer encuentro, el peso de la historia se fue inclinando, lenta, implacablemente, hacia Europa.
Habrá quien diga que es cuestión de dinero. Y sí, claro que lo es. Basta mirar los equipos: el Chelsea del 2012 que cayó ante el Corinthians era ya un gigante comprado con petrodólares, pero aun así perdió. Y en 2023, el Manchester City, ya pulido como una máquina de precisión, arrasó a Fluminense como si fuera un simulacro. El fútbol sudamericano, en cambio, sigue llegando con plantillas armadas con orgullo, con figuras que brillan en sus ligas, pero que en Japón, Estados Unidos o donde sea que se juegue este circo, parecen de repente más pequeños.
Hasta ahora.
Porque en 2025, algo cambió. No por milagro, no por caridad. Botafogo, con uñas y dientes, le ganó al PSG. Un equipo francés plagado de nombres que suenan a videojuego, derrotado por un plantel brasileño que jugó como si no tuviera nada que perder. Y horas después, el Flamengo no solo le ganó al Chelsea, le metió tres. Tres. Como diciendo: esto no es casualidad.
Pero entonces, ¿por qué se siente raro celebrar? ¿Por qué uno duda antes de gritar victoria?
Tal vez porque sabemos lo que viene. Porque ya vimos cómo el Bayern Múnich aplasta a Boca en Miami, cómo el Inter de Milán se traga al Fluminense en otro partido que nadie recordará. Porque recordamos que entre 2012 y 2025 no hubo una sola victoria sudamericana contra un equipo europeo. Trece años. Una generación entera de jugadores que nacieron, jugaron, se retiraron, sin conocer lo que es ganarle a un campeón continental europeo en esta competencia.
Y a pesar de eso, los brasileños vuelven. Siempre los brasileños. Porque es cierto: ningún equipo argentino, ecuatoriano o colombiano ha vencido a un europeo en este torneo. Solo Brasil ha podido. ¿Por qué? No lo sé. Quizás porque allá el fútbol aún se juega en los barrios con pelotas de trapo, mientras en otros lados ya todo es academias, cámaras, contratos. O tal vez porque todavía hay algo allá que no se puede comprar: la desesperación de quien no tiene nada.
Pero cuidado. No vayan a pensar que esto es el fin de la hegemonía europea. Los números no mienten: 13 victorias para Europa. 7 para Sudamérica. Y tres empates. El peso del mundo sigue del otro lado del océano.
Lo que pasó en 2025 no es un cambio. Es una señal. Una pausa en la historia. Una bengala lanzada en la noche.
¿Durará?
No lo sé. Pero anoche, mientras escribía esto, el video del gol de Paolo Guerrero se reprodujo solo en una pestaña del navegador. Como si el pasado insistiera en recordarme que, a veces, lo imposible solo necesita un minuto de claridad.
Escrito por una persona 😊, no por la IA.
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