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Cocaína en llamas: la ruta mortal que arrasa América Latina

César encendió un cigarrillo con las manos temblorosas y dijo algo así como: “No tenés idea de lo que pasa cuando un policía te agarra del cuello y te ofrece plata… para que trabajes para ellos”. No sé si repetí bien el nombre, creo que era César, tal vez fue otro, pero la historia es la misma: un tipo cualquiera, de esos que no aparecen ni en listas ni en fotos, que un día se convierte en parte del engranaje y al siguiente ya no puede salir.

Y eso es lo que nadie cuenta. No es sobre capos, ni avionetas ni contenedores con sello diplomático. Es sobre tipos como ese, reclutados en barrios donde ni el agua llega, con ofertas que no se pueden rechazar: trabajar para la mafia albanesa, meter coca en cajas de banano, correr con un morral por la selva amazónica. “Si no haces lo que te piden, te matan”, dijo, o algo parecido. No recuerdo bien, pero sí recuerdo el tono: bajo, seco, como si ya hubiera firmado su sentencia.

Mientras tanto, en Quito, el presidente dice que por sus puertos pasa el 70 por ciento de la cocaína del mundo. Setenta. No es nuevo, no es nuevo, pero ahora los muertos sí son distintos. Setecientos ochenta y un asesinatos en enero de 2025. No es un error tipográfico. No es un dato inflado. Es lo que pasa cuando transformás tu país en almacén de tráfico global. Jóvenes delincuentes, bandas locales, pandillas que antes peleaban por una esquina y ahora se matan por un muelle. Y todo por Europa. Por el Reino Unido, en particular, que consume 117 toneladas al año. Ciento diecisiete. Un mercado más rentable que cualquier producto legal.

Pero si mirás hacia el norte, la cosa se pone más oscura. En Estados Unidos, mueren más de 150 personas al día por fentanilo. Opioides sintéticos. México los produce, sí, en laboratorios clandestinos, con precursores de China e India. Los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación no solo controlan las rutas: controlan muertes. En 2023, secuestraron 12.200 kilos en la frontera. El 94 por ciento, en San Diego y Tucson. Dos ciudades que son hoy la línea de fuego de una guerra que no tiene banderas.

Y entonces Donald Trump regresa, con su discurso de exterminio, con amenazas de aranceles y tropas. Y la presidenta mexicana, Sheinbaum, responde con 10.000 soldados en la frontera y 29 extradiciones. Entre ellos, Caro Quintero. Los hermanos Treviño Morales. Pero las rutas siguen. Los laboratorios también. Los precursores, mágicamente, aparecen.

¿Quién controla lo invisible? Porque ya no hay solo rutas, hay corredores humanos. En pandemia, el crimen organizado se adueñó del Darién. Medio millón de personas cruzaron en 2024. El doble que antes. Y cada paso, cada barcaza, cada soborno, está bajo el mando de los Gaitanistas, del Tren de Aragua. Migrantes, no como víctimas, sino como mercancía. Familias enteras que pagan con su cuerpo, con su silencio.

Brasil, ahora, es el nuevo eje. El PCC, el Comando Vermelho. No solo dominan favelas: dominan puertos. Manaos, Belém. Embarcan hacia África, hacia Europa. Utilizan narcosubmarinos, lanchas rápidas, lugareños. Lavado de dinero en supermercados, transporte, inmobiliarias. Su alcance supera al de los cárteles mexicanos, dicen. Dicen. Yo no tengo pruebas, pero sí tengo mapas. Y en los mapas, el Amazonas ya no es río. Es autopista.

Uruguay. Montevideo. Pequeño puerto, gran almacén. Bandas locales con territorios del tamaño de una cuadra, pero con conexiones que llegan hasta Ámsterdam. Y los muertos aumentan allí también. Porque donde hay distribución, hay guerra. Y donde hay guerra, hay orfebres del crimen que nunca van a prisión.

La pregunta es esta, la que nadie quiere hacer: si el negocio mueve 320.000 millones de dólares al año, si equivale a diez veces el presupuesto de Ecuador, si es casi un tercio del gasto militar de Estados Unidos… ¿quiénes son los verdaderos socios del tráfico?

Hay nombres que no aparecen. Firmas que no se ven. Testaferros que viven en torres con vista al mar. Pero eso no se cuenta. Porque contar eso ya no es periodismo. Es suicidio.

La verdad es que todo sigue igual. Solo cambian los muertos.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Trevor Hayes
Trevor Hayes

Trevor Hayes cubre narcotráfico y crimen organizado en América desde hace más de una década. Trabajó con el Miami Herald y ha participado en investigaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Su reporteo se basa en documentos judiciales, registros de inteligencia y fuentes verificadas. Estudió Periodismo en la University of Texas at Austin y tiene una certificación en Seguridad Nacional del Center for Investigative Reporting.

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