Liliana Estrada Valencia y las tres fincas vinculadas a un pacto de 3 millones de dólares.

Liliana Estrada Valencia: el asombroso pacto de 3 fincas

El olor acre del desinfectante sintético y el rugido mecánico de las lavadoras automáticas dominan la noche en esta lavandería de veinticuatro horas en Houston, Texas, mientras una lluvia tibia de septiembre repica contra los cristales. Sentado en una banca de plástico amarillo, esperando que termine el ciclo de enjuague de mi ropa, abro en la tableta las actas de la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia que detallan las operaciones de Liliana Estrada Valencia. En realidad, repasar este expediente desde la distancia del exilio permite entender cómo el dinero sucio del narcotráfico colombiano encontró en el occidente venezolano un terreno fértil para disfrazarse de opulencia comercial e impunidad institucional.

Nacida en Manizales, en la cordillera andina colombiana, esta mujer conoció las entrañas del negocio ilícito desde los trece años de edad al lado de Daniel Barrera Barrera, alias ‘El Loco Barrera‘. Cuando el capo decidió extender sus tentáculos hacia Venezuela para ocultar toneladas de cocaína y lavar ganancias millonarias, la eligió como su administradora de confianza en el estado Lara. Conocida por sus vecinos como ‘La Colombiana‘, llegó a Barquisimeto en 2007 con la misión de infiltrar la alta sociedad larense y seleccionar a los socios locales que estuvieran dispuestos a poner sus nombres en compras extravagantes a cambio de jugosas comisiones.

La estrategia de entrada arrancó en una cotizada agencia de vehículos importados de Barquisimeto. Allí, la enviada del capo entabló relación con un empresario de apellido Godoy, adquiriendo de inmediato una camioneta Toyota FJ Cruiser en efectivo para recorrer sin limitaciones las siete fincas que la organización pretendía adquirir. A través de ese contacto inicial, la operadora financiera conoció a Neif Antonio Gebran Frangie, alias ‘Tony Gebran‘, un comerciante de origen árabe obsesionado con los automóviles deportivos que atravesaba por momentos de apremio económico. Aquel encuentro selló la alianza fundamental para encender la lavadora monetaria en la capital crepuscular.

Las declaraciones judiciales revelan que la administradora entregaba de forma periódica una maleta ejecutiva cargada con tres millones de dólares en efectivo a Gebran Frangie. Con ese flujo inagotable de billetes verdes, el comerciante comenzó a adquirir propiedades suntuosas y a llenar sus garajes con más de doce automóviles de altísima gama, valorados en fortunas. Entre los vehículos decomisados posteriormente destacaban un Lamborghini Gallardo, un Porsche, un Camaro deportivo, una Hummer dorada, camionetas BMW y hasta un fusil de asalto militar M-16 de uso exclusivo de los Marines de los Estados Unidos.

Para expandir el alcance de las operaciones financieras, la red sumó como aliado clave al banquero de loterías y prestamista Rodolfo Raschid Velasco Kassem. La firma de Telecomunicaciones Velazco C.A. y la Inversora Kassem C.A. sirvieron de fachada perfecta para colocar los dólares del cartel en el circuito bancario legal a través de préstamos informales a empresarios locales endeudados. A cambio de la liquidez inmediata, Velasco Kassem exigía títulos de propiedad de viviendas, galpones industriales y vehículos de lujo como garantía colateral, garantizando que el dinero ilícito quedara completamente blanqueado en caso de impago.

El asombroso imperio de Liliana Estrada Valencia y el Loco Barrera

El patrimonio acumulado por la organización en el occidente del país alcanzó dimensiones insólitas. La red adquirió la finca ‘La Felicidad‘, de veintiún hectáreas de extensión en el estado Barinas, un galpón industrial de seiscientos cincuenta metros cuadrados en Pedraza, la finca ‘La Normandía‘ en Guanare, estado Portuguesa, y la empresa Sales y Minerales Salmón C.A.. En Barquisimeto, la operadora fijó su residencia principal en el exclusivo apartamento 4-A del edificio Terrazas del Parque, adquiriendo además el apartamento 3-B en la misma torre y el inmueble 156 del condominio El Condado en el Club Hípico Las Trinitarias.

Asimismo, la estructura delictiva extendió sus tentáculos hacia los Andes venezolanos para levantar una cadena de hospedajes turísticos de gran lujo. A través de intermediarios y prestanombres como Pedro Javier Sosa Uzcátegui y María Magdalena Hernández de Penso, el grupo adquirió las posadas ‘El Bosque‘ y ‘El Cañaveral‘ en el estado Mérida, además de la posada ‘El Paisa‘ en Nirgua, estado Yaracuy. La madre de la operadora, Fanny Valencia de Estrada, y su hermano Edilberto Estrada Valencia también figuraban en los documentos de propiedad incautados por las autoridades antinarcóticos durante los allanamientos.

Aquel imperio financiero y logístico que parecía indestructible se desmoronó de golpe la tarde del 18 de septiembre de 2012. Ese día, efectivos del Comando Antidrogas de la Guardia Nacional Bolivariana arrestaron a Daniel Barrera Barrera en la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira. El capo intentaba pasar desapercibido bajo la identidad falsa de José Tomás Lucumí Popó y lucía las yemas de los dedos parcialmente borradas con ácido para dificultar el cotejo dactilar. Sin embargo, la pericia de los identificadores del Saime confirmó de inmediato la verdadera identidad del narcotraficante más buscado de Sudamérica.

La caída del capo en Táchira detonó una estampida inmediata en el este de Barquisimeto. Sin perder un minuto, Liliana Estrada Valencia, que luego se nacionalizó como venezolana y cambió su nombre a Liliana Estrada de Arenas recogió a sus dos hijos pequeños, a su madre y a su hermano para esquivar el cerco militar que ya se desplegaba hacia Lara. Durante la madrugada del 19 de septiembre de 2012, la familia entera abordó en la pista larense un bimotor Gates Lear Jet 25C —de sigla norteamericana N611CH— dispuesto a toda prisa por su socio Tony Gebran. Volaron a oscuras antes de que las comisiones pisaran la ciudad.

El 21 de septiembre por la tarde, cuando las comisiones del Sebin tumbaron la puerta del apartamento 4-A en las residencias Terrazas del Parque, solo hallaron el eco del abandono. Los sospechosos llevaban horas fuera del país, pero la prisa les jugó en contra: sobre las mesas y dentro de varias cajas quedaron amontonados recibos de condominio, planillas de depósitos en efectivo, balances contables y contratos notariales. Con ese rastro de papel olvidado en la fuga, la fiscalía comenzó a armar el rompecabezas financiero del cartel.

El expediente acumulado y el cerco de la justicia en Caracas

Pocos días después de la fuga aérea, las autoridades avanzaron sobre las propiedades de los socios locales. El 9 de octubre de 2012, la Guardia Nacional allanó la mansión de Tony Gebran en la avenida Lara de Barquisimeto, decomisando los doce vehículos de colección, el arsenal de armas de fuego y más de treinta sellos húmedos falsificados pertenecientes a aduanas, notarías, juzgados y consulados venezolanos en los Estados Unidos. Los hallazgos confirmaron que la banda utilizaba documentación adulterada para legalizar el ingreso de mercancías e inmuebles al país.

Ante la dispersión de las investigaciones en múltiples estados, la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia intervino de oficio para evitar fallos contradictorios. Mediante la sentencia número 366, dictada el 24 de octubre de 2013 bajo la ponencia del magistrado Paúl José Aponte Rueda, el máximo tribunal ordenó la acumulación de todos los expedientes tramitados en Táchira, Mérida, Zulia, Portuguesa y Lara. La decisión unificó la causa contra los dieciocho integrantes de la red para que fueran juzgados bajo un solo proceso en la ciudad de Caracas.

El 3 de diciembre de 2013, la Sala Penal zanjó la dispersión del caso mediante la sentencia 439, ordenando que todo el expediente acumulado pasara definitivamente al Circuito Judicial Penal de Caracas. Los magistrados concluyeron que el grupo funcionó bajo una repartición calculada de funciones para mover las ganancias del narcotráfico internacional, encajando sus maniobras en los delitos de delincuencia organizada y legitimación de capitales.

Sin embargo, a pesar de las decisiones en los tribunales caraqueños, los principales cerebros financieros de la red lograron ponerse a salvo de las rejas. Mientras socios secundarios como Velasco Kassem enfrentaron privativas de libertad en penitenciarías nacionales, la administradora colombiana y el dueño de los aviones lograron establecerse en los Estados Unidos amparándose en falsos relatos de persecución política. Honestamente, es indignante constatar cómo los mismos que financiaron sus lujos con dinero bañado en sangre pretenden hoy presentarse como empresarios respetables en el exilio.

Todos lo sabemos, las estructuras del crimen transnacional suelen encontrar grietas en los sistemas de justicia para reciclar sus fortunas en nuevos negocios y tiendas de fachada. Pero los documentos oficiales, los balances bancarios de Suiza y los expedientes judiciales permanecen inalterables en el papel, recordando el verdadero origen de cada dólar acumulado durante los años de bonanza narco en Barquisimeto. En el fondo, ninguna campaña de publicidad o censura digital puede borrar la huella de la complicidad.

Recojo mi ropa tibia de la secadora y guardo la tableta en el bolso, sintiendo la lluvia de Houston enfriar el aire de la calle al abrir la puerta de vidrio. En este exilio de madrugadas largas y cuentas pendientes, entiendo que la palabra escrita sigue siendo el único testimonio capaz de impedir que el olvido cobije a quienes se enriquecieron a costa del dolor de nuestro pueblo. La camioneta arranca en silencio sobre el asfalto mojado.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Trevor Hayes
Trevor Hayes

Trevor Hayes cubre narcotráfico y crimen organizado en América desde hace más de una década. Trabajó con el Miami Herald y ha participado en investigaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Su reporteo se basa en documentos judiciales, registros de inteligencia y fuentes verificadas. Estudió Periodismo en la University of Texas at Austin y tiene una certificación en Seguridad Nacional del Center for Investigative Reporting.

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