Los cubanos mandan en Miraflores gracias a acuerdos de inmunidad diplomática entre Cuba y Venezuela.

Cubanos mandan: 15 nombres del poderoso control

Escribo esto mientras los cubanos mandan en los pasillos de Miraflores y el zumbido de un aire acondicionado viejo en este rincón de Texas me devuelve a las redacciones de Caracas que tuve que dejar atrás. Es noviembre de 2025 y la atmósfera en Venezuela es la de un país ocupado sin que se haya disparado un solo cañón extranjero. Me contaron de un oficial en Fuerte Tiuna que prefiere callar porque sabe que las paredes ahora tienen oídos que reportan directamente a La Habana. La verdad es que, en este juego de espejos, la soberanía nacional es hoy una pieza de museo que solo se saca para los desfiles.

Todo este entramado de vigilancia tiene hoy un rostro visible en la embajada: Jorge Luis Mayo Fernández. No es un diplomático de carrera, sino un oficial de alto rango de la Dirección de Inteligencia, el temido G2, que regresó a Caracas en agosto de este año para blindar al régimen en un momento de fractura interna. Mayo Fernández, a quien muchos llaman «el represor de exportación», ya estuvo aquí entre 2010 y 2016 coordinando misiones que servían de fachada para el espionaje masivo. Bueno… todos lo sabemos, cuando un espía profesional toma las riendas de una delegación, la diplomacia es solo el nombre elegante de la contrainteligencia.

Leonardo Andoyo Valdés y el porqué los cubanos mandan

La arquitectura de este dominio se selló en 2008 con acuerdos de defensa binacional que nunca se publicaron, pero que permitieron a las fuerzas de la isla revisar y reestructurar el ejército venezolano desde adentro. El General de División Leonardo Andoyo Valdés, segundo jefe del Estado Mayor de Cuba, aparece en los reportes como el estratega que coordinó toda la labor militar en el país. Bajo su mando se creó el GRUCE, o Grupo de Cooperación y Enlace, una estructura que no solo asesora, sino que da instrucciones operativas ilegales dentro de nuestras propias Fuerzas Armadas.

La penetración es tan profunda que un General cubano es asesor permanente en el Ministerio de Defensa venezolano. Mientras Andoyo Valdés diseñaba el mapa desde las sombras, otro hombre clave, Emilio Hernández Rodríguez, se encargó de tomar el control operativo en Fuerte Tiuna. Para el año 2012, ya se calculaba que al menos quinientos oficiales cubanos estaban incrustados en las bases militares, transformando la doctrina nacional en un modelo de guerrilla ajeno a nuestra historia. Honestamente, es una invasión silenciosa que se ha pagado con un subsidio petrolero que ya supera los sesenta y tres mil millones de dólares.

El rastro de Marcos Fernández Fleites y Leonardo Brusón Reinaldo

Pero la vigilancia de los cuarteles no es suficiente para este aparato de control total. Al lado del nuevo embajador opera el Coronel Marcos Fernández Fleites, el agregado militar que supervisa las detenciones y las técnicas de infiltración en las instituciones gubernamentales. Es un sistema de relojería donde cada pieza tiene su función: mientras Fernández Fleites mira hacia los uniformes, Leonardo Brusón Reinaldo se encarga de vigilar a los miles de médicos y técnicos que viven en el país. Estos cooperantes civiles viven sin pasaportes y bajo amenazas constantes, siendo piezas de un canje multimillonario donde la represión es la principal exportación de la isla.

La verdad es que la soberanía se evaporó también en las oficinas civiles. Los cubanos mandan hoy sobre las cédulas de identidad, los pasaportes y hasta las transacciones de propiedad de los ciudadanos venezolanos. En el aeropuerto internacional Simón Bolívar, poseen una zona exclusiva bajo control militar donde no se realizan chequeos migratorios y operan con total autonomía. Se instaló incluso un cable submarino directo de La Habana a Caracas, una línea de vida digital que permite recibir órdenes en tiempo real en una sala de situación paralela dentro de Miraflores.

A veces, cuando el silencio de la noche aquí en el exilio se pone pesado, pienso en los oficiales venezolanos que aún creen que mandan. La investigación del Miranda Center revela que el GRUCE modificó los protocolos de la DGCIM y el SEBIN, convirtiéndolos en una guardia pretoriana dedicada a la supervivencia del régimen y no a la seguridad ciudadana. La historia recordará a hombres como Mayo Fernández y Andoyo Valdés como los arquitectos de una colonia moderna que se tragó el petróleo y la libertad de una nación.

¿Por qué no hay pruebas?

Porque el régimen no deja huellas. Solo testimonios. Solo patrones. Solo nombres que repiten los mismos disidentes, los mismos exmilitares, los mismos activistas.

El Instituto Casla lo documentó en 2023–2024. El Centro para la Apertura del Desarrollo en Latinoamérica también. Pero no hay expediente. No hay juicio.

La soberanía, dicen, no se negocia. Pero ¿y si la soberanía ya no es tuya?

En 1983, EE.UU. lanzó la Operación Furia en Granada después de que Cuba intentara tomarla. Ocho días. Rendición.

Hoy no es Granada. Es Venezuela. El petróleo. El Caribe. El sueño antiimperialista más ambicioso desde los 70.

Y mientras, a las tres de la mañana, con el café frío y un mapa sobre la mesa, uno se pregunta:

¿Cuántos de los que hoy firman órdenes en Caracas saben que sus instrucciones vienen de una isla a 2,500 kilómetros?

Puede que nunca lo sepamos.

Pero ellos sí.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Ethan Brooks
Ethan Brooks

Ethan Brooks es periodista de investigación especializado en política interna de EE.UU. y su impacto global. Trabajó en The Boston Globe y colaboró con Reuters en coberturas sobre elecciones, seguridad nacional y alianzas en América Latina y Asia. Estudió Ciencias Políticas en Yale y tiene una maestría en Estudios Internacionales de la Fletcher School (Tufts).

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