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Filtración histórica expone a cien multimillonarios y líderes en paraísos fiscales

Había una vez un tipo que vivía en Madrid, pero sus libros los firmaba en las Islas Vírgenes. No era un espía. Tampoco un narco. Era futbolista. Uno de los mejores. Y su padre, un hombre de traje y voz seria, movía papeles como quien acomoda vasos en un bar al cierre: sin prisa, con cuidado, como si nadie fuera a mirar.

Lionel Messi. Nombre que suena como un himno en algunos barrios de Santiago, como una maldición en otros. Y su padre, Jorge. Y una red de empresas que no producían nada, salvo distancias. Miles de kilómetros entre el dinero, el fútbol y la hacienda.

Nadie dijo que tener una empresa en otro país fuera delito. Al menos no al principio. Pero cuando el dinero viaja más rápido que la declaración, cuando las facturas se emiten desde paraísos que ni aparecen en los mapas del liceo, entonces la cosa cambia. No es el hecho. Es el porqué. Es el para quién.

Y ahora, años después, con otros nombres, otras caras, otras fronteras, vuelven los papeles. No son los Panama Papers, no. Son otros. Más. Más gruesos. Más fríos. Los Pandora Papers. Casi doce millones de documentos. Tres terabytes. Cuarenta equipos de trabajo llenos de noches en vela. Periodistas de 117 países, como un ejército que no dispara, solo revela. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICI) al mando, ese grupo que no pide permiso, solo actúa.

Uno de los proveedores fue un bufete que ni siquiera estaba en los noticieros. Y sin embargo, desde allí se montaron cientos de compañías offshore. Suiza. Caimán. Singapur. Lugares donde el secreto no es un privilegio, sino una industria. Donde la identidad del dueño real se borra como si fuera tiza en una pizarra mojada.

Había políticos. Líderes. Ministros. Algunos venezolanos. Muchos de aquí, de allá, de donde duele. Treinta presidentes. Trescientos funcionarios. Cien multimillonarios. Personas que firmaron leyes y luego las evadieron. Que hablaron de justicia mientras sus fortunas nadaban en aguas invisibles.

Pero no se trata solo de ellos. Se trata de lo que queda cuando los nombres salen a flote: las preguntas que no se hacen.

¿Quiénes no aparecieron? ¿Quiénes se quedaron fuera, no por inocencia, sino porque algún correo nunca llegó, o porque el testaferro era un primo, un sobrino, un nombre prestado que ni siquiera firmó?

Yo pensaba en eso mientras revisaba un caso: uno de esos empresarios que en Caracas tenía yates, en Miami un edificio, y en las Caimán, una sola hoja de papel que decía “propietario desconocido”. Esto no es nuevo. No es nuevo. Pero ahora hay más ojos. Y eso cambia las cosas, aunque sea un poco.

No estoy seguro del nombre del abogado. Creo que era Mires o Mires. Algo así. Lo importante no es el nombre. Es que exista. Que haya alguien que, por el equivalente de una cena en Sartenejas, te venda un pasaporte fiscal. Que en dos días tengas una sociedad que ni tú sabes dónde está.

Y mientras, aquí, en algún barrio de Lima, un hombre mantiene viva su panadería con lo que gana. Paga impuestos que ni sabe cómo se llaman. Hace factura por factura. Y piensa que eso es lo justo. Que todos deben hacerlo. Pero no. No todos lo hacen.

¿Por qué ahora? Porque alguien se cansó. Porque un día, dentro de una oficina en algún edificio sin señal, alguien descargó 12 millones de archivos y los mandó al mundo.

La verdad no fue revelada. Fue devuelta.

Y ahora, mientras escribo esto, son casi las dos. El café se quedó frío hace rato. Y sigo pensando en Messi no como jugador, sino como ejemplo. Un fallo. Una condena. No por tener una empresa allá. Sino por ocultar lo que debía estar aquí.

¿Y los que no fueron condenados? ¿Los que ni fueron nombrados?

Ahí sigue el silencio. Ahí sigue el daño.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Natalie Pierce
Natalie Pierce

Natalie Pierce investiga empresas fantasma, paraísos fiscales y flujos de capital ocultos. Colaboró con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en los Pandora Papers y los FinCEN Files. Su trabajo se basa en filtraciones, registros corporativos y análisis de redes de propiedad beneficiaria. Estudió Relaciones Internacionales en Georgetown y tiene una maestría en Periodismo de Investigación Financiera de la London School of Economics.

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