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Cómo el lavado de dinero amenaza las criptomonedas: la lucha crucial por regulaciones urgentes

Alexander Vinnik no se veía como un capo. Tampoco como un banquero. En las fotos que circulan, parece más bien un tipo que podría pasarte inadvertido en una cola de supermercado en Los Angeles o en un metro de Moscú. Pero este ruso, fundador de BTC-e, ayudó a mover miles de millones en criptomonedas de origen criminal. Lavó dinero de narcos, de hackers, de redes de explotación infantil. Y no lo hizo desde una villa en el Caribe, sino desde detrás de una pantalla, con servidores repartidos en países donde nadie pregunta demasiado.

Yo lo leí hace unas semanas, en un informe que nadie quiere compartir en redes, pero que todos en el mundo fintech conocen. En 2022, direcciones vinculadas a actividades ilegales movieron casi 24 mil millones de dólares en cripto. O sea: casi lo mismo que el presupuesto anual de salud en Venezuela, pero en crimenes globales, en cuestión de meses. Y no es nuevo, no es nuevo. Lo que cambia es el empaque.

La Unión Europea ya no aguanta. Hace años que empuja directivas: AML5, MICA. Nombres fríos, técnicos. Pero detrás de cada sigla hay un caso real. Hay un exchange que cayó. Hay un tipo que no cobró su pensión porque una plataforma sin KYC se cerró de un día para otro. Hay un chico en Guadalajara que mandó sus ahorros a una billetera y nunca más los vio. Todo porque alguien decidió que la libertad absoluta en cripto era más importante que la protección.

Las reglas ahora exigen que las plataformas sepan quién eres, de dónde viene tu dinero, qué haces con él. KYC. Conocer al cliente. Suena burocrático. Pero piénsalo: si tú mandas dinero a un familiar en San Cristóbal, lo haces por canales que dejan rastro. Si usas Zelle, si pasas por una casa de cambio en Cúcuta, te piden datos. ¿Por qué en cripto debería ser distinto?

Porque, en el fondo, muchos la promovieron como una huida: del Estado, de la inflación, de la vigilancia. Pero cuando no hay control, entra quien quiere. Y entra con todo: secuestros, trata, extorsiones. El dinero manchado encuentra camino. Usa mezcladores, elude controles, salta de exchange en exchange. Hay quien lo llama smurfing: partes grandes en pedazos pequeños, como si fuera inocuo. Y plataformas en jurisdicciones grises lo reciben con los brazos abiertos.

BitMEX tuvo que pagar cien millones de dólares. BTC-e ya no existe. Vinnik está preso en Francia, después de una batalla legal entre la DEA, Moscú y Interpol. Pero mientras unos caen, otros surgen. Nuevos nombres, nuevas interfaces. Algunos con iris escaneados, otros con promesas de privacidad absoluta. Suena bien. Pero, honestamente, ¿cuánta privacidad necesita un usuario promedio?

Lo raro es que nadie habla de los que no aparecen. Los que perdieron todo. Los que usaron una plataforma rápida, sin papeleo, pensando que era más libre… y terminaron en la nada. No hay estadísticas oficiales en países como Honduras o Bolivia sobre estafas en cripto. No se denuncian. A veces ni se entiende bien qué pasó.

En Alemania ya regulan. En España también. Pero en muchos países de acá, la brecha sigue abierta. Y mientras, los que más sufren no son los que especulan, sino los que intentan salir adelante, mover algo de plata sin que les cobren un 20% en comisiones, y terminan en manos de plataformas que no tienen ni un solo empleado real.

¿Y los reguladores? Van detrás del tren, no al frente. Ahora exigen geolocalización, perfiles de riesgo, inteligencia artificial para detectar movimientos raros. No es control por control. Es para que esto no se convierta en el salvaje oeste financiero.

Pero sigo pensando en el chico de Guadalajara. Y en cuántos como él hay en Caracas, en Lima, en Asunción. Gente que no confía en el banco, pero tampoco sabe que hay plataformas que, aunque lentas, sí verifican.

KYC no es traición a Nakamoto. Es una adaptación. Porque si no hay mínimos, no hay confianza. Y sin eso, la cripto no masifica. No democratiza. Solo concentra poder en los que saben cómo explotar el vacío.

¿Hasta cuándo seguirán apareciendo como libertad lo que en realidad es impunidad?


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Trevor Hayes
Trevor Hayes

Trevor Hayes cubre narcotráfico y crimen organizado en América desde hace más de una década. Trabajó con el Miami Herald y ha participado en investigaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Su reporteo se basa en documentos judiciales, registros de inteligencia y fuentes verificadas. Estudió Periodismo en la University of Texas at Austin y tiene una certificación en Seguridad Nacional del Center for Investigative Reporting.

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