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Crisis de sangre: cómo los cárteles desgarran México y amenazan a EU

Un taxista en Ciudad de México se levanta a las cinco, antes del alba. Enciende el carro, revisa el espejo, murmura una oración. No por fe, sino por costumbre. Por los que ya no están. Su hermano desapareció en 2017. Nadie sabe si fue la policía, si fue el cartel, si fue los dos. Nadie preguntó mucho.

Cada año, desde 2018, más de treinta mil familias en México entierran a alguien. No son números. Son silencios que se acumulan en las mesas, en los asientos vacíos de las escuelas, en los grupos de WhatsApp que ya no tienen respuestas. Y nadie —nadie— ha podido frenarlo.

Hubo un tiempo en que pareció que cambiaría. AMLO llegó con palabras suaves: abrazos, no balazos. Dijo que la militarización había fracasado, que el ejército no podía ser policía. Lo decía como si lo creyera. Y mucha gente quiso creerle.

Pero ahora el ejército controla el aeropuerto más importante del país. Y la Guardia Nacional, esa fuerza híbrida que juraba ser civil, está cada vez más bajo el mando militar. En 2022, el Congreso aprobó que el ejército haga labores de policía hasta 2028. Y en abril de 2023, la Corte Suprema dijo que no, que eso violaba la Constitución. AMLO, igual, sigue empujando.

Dicen que en algunos estados ya no hay diferencia entre un convoy militar y un convoy del cartel. Ambos paran vehículos, exigen identificación, desaparecen gente.

Los cárteles también cambiaron. Ya no solo pelean por rutas de droga. Ahora controlan, según estimaciones de inteligencia estadounidense, un tercio del territorio mexicano. Y no es solo tierra. Es poder. El de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación dominan el tráfico hacia Estados Unidos: metanfetamina, cocaína, heroína, mariguana. Y fentanilo, más letal que todo lo anterior.

En Estados Unidos, cada día, cientos mueren por sobredosis. La droga viene del sur. Pero la demanda, las armas, el dinero, vienen del norte.

Y aquí, en el centro del fuego cruzado, los civiles. Periodistas que son asesinados a pesar de estar bajo protección estatal. Candidatos políticos masacrados antes de votar. Personas desaparecidas, masacres en carreteras, cuerpos calcinados en fosas comunes. En Veracruz, en 2017, encontraron más de doscientos cadáveres en una sola fosa. Nadie fue condenado.

La promesa de AMLO de bajar la violencia no se cumplió. Las muertes bajaron un poco, pero seguimos hablando de treinta mil muertos anuales. Y las elecciones de 2024 fueron las más sangrientas en décadas.

Su sucesora, Claudia Sheinbaum, dice que va a reforzar la Guardia, contratar más investigadores, invertir en jóvenes. Pero nadie dice cómo. Tampoco cómo va a enfrentar al ejército si este ya no responde a civiles.

Hubo un intento de cooperación: la Iniciativa Mérida, con Estados Unidos. Pero AMLO la rechazó. Dijo que era militarista. En su lugar, lanzó el Marco Bicentenario. Suena bonito. Pero no ha cambiado nada.

Hace unas semanas, después del secuestro de cuatro ciudadanos estadounidenses, unos senadores republicanos en Washington propusieron intervenir militarmente. AMLO dijo que era una irresponsabilidad. Lo dijo con fuerza. Pero no dijo cómo proteger a los mexicanos.

La pregunta que queda, la que nadie quiere responder, es esta: ¿hasta cuándo va a seguir así? No es nuevo, no es nuevo. Desde los ochenta, los cárteles se organizaron, pelearon, expandieron. En el 2006, Calderón les declaró guerra con el ejército. Peña Nieto intentó cambiar el rumbo. Nada funcionó.

Ahora, el Estado, poco a poco, se parece más a la guerra que pretendía combatir.

Y el taxista sigue manejando. Cada vez que suena una sirena, aprieta el volante. No por miedo al cartel.

Por miedo a que sea la policía.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Trevor Hayes
Trevor Hayes

Trevor Hayes cubre narcotráfico y crimen organizado en América desde hace más de una década. Trabajó con el Miami Herald y ha participado en investigaciones del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Su reporteo se basa en documentos judiciales, registros de inteligencia y fuentes verificadas. Estudió Periodismo en la University of Texas at Austin y tiene una certificación en Seguridad Nacional del Center for Investigative Reporting.

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