
John Daguita: Innovador robo de 46 millones y su caída

Afuera, la lluvia tropical golpea los cristales con una violencia sorda, ese sonido rítmico que en mi Caracas natal anunciaba tardes de café y encierro, pero que aquí, en este rincón de los Estados Unidos, solo acentúa el aislamiento del exilio. Frente a la luz azulada del monitor, la historia de John Daguita se despliega como un guion de cine negro escrito por una generación que no conoce el miedo ni la discreción. La verdad es que todo este entramado de millones de dólares y soberbia juvenil comenzó con un simple insulto en una sala de chat, un detonante tan absurdo que cuesta creer que haya puesto en jaque la seguridad financiera de una potencia mundial.
Y es que John Daguita, un joven de apenas veinticuatro años conocido en el submundo digital como Lick o The Punisher, no pudo soportar que alguien pusiera en duda su fortuna. En un grupo de Telegram, un entorno donde la ostentación es la única moneda de cambio, un tal Dritan Kaplan Junior decidió vacilarle, llamándolo niñato y sugiriendo que su riqueza era solo una fachada de píxeles. Bueno… todos lo sabemos, para estos nuevos ciberdelincuentes, el honor se mide en el tamaño de la billetera digital y en la capacidad de humillar al oponente en lo que ellos llaman una Band for Band.
John Daguita y el duelo digital de millones
La batalla se trasladó a Discord, un anfiteatro digital donde los espectadores esperaban sangre financiera. Dritan Kaplan Junior mostró una billetera con cien bitcoin, una cifra cercana a los nueve millones de dólares, creyendo que con eso silenciaría al joven. Pero John Daguita se limitó a reírse del «pobretón». En vivo y en directo, ante la mirada atónita de los presentes, empezó a mover sumas astronómicas: primero dos millones en Tron, luego otros seis millones en Ethereum. La derrota de su oponente fue total cuando demostró controlar cuentas con más de veintitrés millones de dólares en activos digitales.
Pero hay cosas que un hombre no puede dejar pasar, especialmente cuando le llaman feo y pobre en un chat público. Para John Daguita, no bastaba con ganar; necesitaba demostrar que su control sobre el dinero era absoluto, moviendo capitales entre billeteras con una soltura que solo alguien con acceso directo a una fuente inagotable podría tener. Lo que él no sabía, o quizás no le importaba en su frenesí de ego, es que entre las sombras del chat acechaba Zac XBT, un investigador independiente cuyo nombre real es Zachary Volk, un rastreador implacable de la cadena de bloques que ya tenía grabada toda la función.
Recuerdo que en mis tiempos de reportero en Venezuela, los delincuentes se escondían en los callejones más oscuros para contar sus botines. Hoy, la oscuridad es una pantalla y los callejones son servidores cifrados, pero la vanidad sigue siendo la misma grieta por donde se cuela la justicia. Me pregunto qué pensaría su padre, Dean Daghita, un hombre con veinticinco años de experiencia en defensa nacional, mientras su hijo quemaba millones de dólares en relojes y cinturones de lujo frente a desconocidos en internet.
El rastro de John Daguita y la falla del sistema
La investigación de Zac XBT reveló una conexión asombrosa: el dinero que John Daguita movía con tanta arrogancia provenía directamente de las cuentas donde el gobierno de los Estados Unidos custodiaba los fondos incautados del histórico hackeo a Bitfinex. En aquel robo de 2016, Ilia Lostin y Heather Morgan, apodada la cocodrilo de Wall Street, se hicieron con una fortuna que años después el IRS logró recuperar en gran parte. Esos activos, más de noventa mil bitcoin, terminaron bajo la tutela del US Marshalls Service, que decidió delegar la custodia en contratistas externos para crear una reserva estratégica.
La empresa familiar de Virginia, Command Service and Support, dirigida por Dean Daghita, fue la elegida para esta tarea crítica a pesar de las protestas de competidores como Wave Digital Assets, que cuestionaban su falta de licencias específicas para activos digitales. La verdad es que la confianza del gobierno depositada en Dean Daghita, un veterano con pasado en firmas como Lockheed Martin y SRA International, parecía inquebrantable. Sin embargo, nadie contó con que su hijo, John Daguita, un experto en transacciones de la cadena de bloques integrado en la compañía, decidiría usar las llaves de la caja fuerte gubernamental para alimentar sus delirios de grandeza.
En diciembre de 2025, el joven convenció a los US Marshalls de que debía mover unos fondos para que estuvieran «más seguros». Tras mover cinco millones y notar que nadie en la administración se percataba del agujero, continuó drenando las cuentas hasta alcanzar los cuarenta y seis millones de dólares. Honestamente, es casi una burla que la primera potencia mundial gestionara sus recursos estratégicos de criptomonedas con una simple hoja de Excel, permitiendo que alguien desde dentro robara las claves de acceso de las Cold Wallets sin disparar una sola alarma institucional.
La caída de John Daguita en el paraíso
Mientras las agencias federales comenzaban a reaccionar tras las denuncias públicas de Zac XBT, el joven ciberdelincuente se dedicaba a trolear a streamers en la plataforma Kick y a gastar fortunas en un catálogo andante de la marca Chrome Hearts. Llevaba pantalones de diez mil dólares, cinturones de cuarenta mil y dos relojes Audemars Piguet Royal Oak de medio millón cada uno. Incluso se dio el lujo de gastar más de un millón de dólares solo para comprar el nombre de usuario John en Telegram, convencido de que su estatus de Hyperbeast lo hacía intocable.
Pero la invencibilidad era solo una ilusión, como la poción de invisibilidad de Minecraft que publicó en sus redes para burlarse de quienes lo buscaban. Para cuando el FBI y los US Marshalls quisieron darse cuenta, el joven ya estaba a cientos de kilómetros, refugiado en la parte francesa de la isla de San Martín. Allí, entre playas paradisíacas y fuera de la jurisdicción directa de los Estados Unidos, se tiñó el pelo de negro y se dejó crecer la barba, creyendo que ese disfraz básico bastaría para burlar a la gendarmería francesa y a los agentes federales que seguían cada uno de sus pasos digitales.
La verdad es que no hubo mucha épica en el final de su aventura. El pasado 5 de marzo, una operación conjunta entre el FBI y el GIGN, el grupo de élite francés, terminó con el arresto de John Daguita en el Caribe. En su habitación encontraron una maleta de aluminio cargada de fajos de billetes de cien dólares, las Cold Wallets con las claves robadas y varias llaves de seguridad. Cash Patel, el director del FBI, anunció con orgullo la captura de este «contratista» que se enfrenta ahora a cargos de fraude electrónico, robo de propiedad gubernamental y blanqueo de dinero.
La verdad es que, mientras espera la extradición, la justicia ya ha solicitado la incautación de todos sus bienes, incluyendo los relojes y pantalones de lujo que compró con el dinero del erario público. Al final, el eco de su soberbia en los chats de DeCom se ha apagado, dejando tras de sí la imagen de un padre cuya reputación ha sido dinamitada por el ego de un hijo que prefirió ser capturado antes que ser llamado pobre en internet. Y entonces, cuando el silencio del calabozo sustituye al ruido de los bots en Kick…
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