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Delaware: el estado que vive del secreto fiscal y atrae a millonarios

Wilmington. Una ciudad tranquila, con casas antiguas de ladrillo y árboles que se inclinan sobre las calles como si escucharan secretos. Allí vive Joe Biden, sí, pero también viven miles de nombres que no existen. Sociedades. Ficciones. Papeles con sellos y firmas electrónicas que no dejan rastro de quién las mueve.

Delaware no es grande. Ni bonito. Ni importante, si lo miras desde el mapa. Pero si miras el subsuelo del capitalismo global, está lleno de cables enterrados que terminan allí.

Conozco a un contador de Caracas que, hace diez años, me mostró una lista en una servilleta. No era una lista de clientes. Era una lista de lugares: Miami, Las Vegas, Wyoming… y Delaware. Me dijo: “Si tu patrón quiere desaparecer, empieza por allí”. No recuerdo bien su nombre. Pero sí el temblor en la mano cuando dobló la servilleta.

La cosa no es solo que no paguen impuestos. Es que el sistema los invita a no pagar. No hay IVA. No hay gravamen sobre herencias. Nada sobre ganancias de inversiones. Nada sobre propiedad personal. Solo una pequeña tasa inmobiliaria, como un gesto formal, como si dijeran: “Bueno, al menos firmen esto”. Pero el Estado vive de otra cosa: de las cuotas que pagan las empresas por existir sobre el papel. Cuanto más ficticia la compañía, más dinero deja.

Y no es solo para evadir. Es para decidir.

Allí, en un tribunal pequeño con juzgadores que hablan como economistas, se resuelven las guerras más caras del mundo corporativo. Cuando Musk se arrepintió de comprar Twitter, no fue a Nueva York. No fue a California. Fue a Delaware. Porque allí todo es más rápido. Más limpio. Más… legal.

Pero hay algo en el aire que no se dice. Estados Unidos no figura como paraíso fiscal. No oficialmente. La Unión Europea lo niega. Pero Tax Justice Network lo señala: el verdadero secreto no está en las islas del Caribe. Está entre Maryland y Nueva Jersey. En un estado donde hay más sociedades que personas. O al revés.

Hace unas semanas le pregunté a un abogado de Quito, especialista en derecho corporativo, qué opinaba de Delaware. Me miró como si le hubiera preguntado por la luna. “Ah, sí… ese lugar donde las empresas viven sin dueño”, dijo. Luego calló. Y encendió un cigarro que no terminó.

¿Quién vive de verdad allí?

Biden. JPMorgan. Amazon. Pero también testaferros. Testigos mudos. Contratos que nunca se firman con nombre real.

Y mientras, los empleados de una fábrica en Maracaibo pagan sus impuestos todos los meses. Con recibo. Con sudor. Con la certeza de que el Estado sabe sus nombres.

Pero en Delaware… en Delaware nadie sabe quién paga. Y eso, en realidad, es lo que más importa.

¿Quién decide quién debe desaparecer?


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

Si sabes algo más, por favor compártelo aquí.

Natalie Pierce
Natalie Pierce

Natalie Pierce investiga empresas fantasma, paraísos fiscales y flujos de capital ocultos. Colaboró con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en los Pandora Papers y los FinCEN Files. Su trabajo se basa en filtraciones, registros corporativos y análisis de redes de propiedad beneficiaria. Estudió Relaciones Internacionales en Georgetown y tiene una maestría en Periodismo de Investigación Financiera de la London School of Economics.

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