Introduce tu email abajo y únete a nuestro boletín informativo

Panamá Papers: el impacto global que sigue recuperando miles de millones

Jürgen Mossack entró a la corte de Panamá con el andar de quien ya conoce el camino. No era su primer juicio, pero parecía el más pesado. Abril de 2024. El aire, húmedo, como siempre. Detrás de él, el eco de millones de documentos que nunca vio, pero que firmó con su nombre.

Fueron 11.5 millones de papeles, sí. Archivos que no salieron de una guerra, ni de un espionaje, sino de una firma de abogados que construyó imperios sobre el silencio. Mossack Fonseca. Dos nombres. Dos mundos. Uno en caída libre, el otro aún de pie, aunque cojo.

Nadie sabe exactamente cuánto dinero ha vuelto. No de verdad. El consorcio periodístico dice 1.300 millones de dólares. Pero eso es solo lo que algunos gobiernos quieren contar. Y solo si les preguntan con insistencia.

En la India, por ejemplo, recuperaron 17,4 millones. Nada mal. Pero eso vino después de revisar más de 1.600 millones en activos nunca declarados. Casi cien por uno. Y 84 casos abiertos. 46 procesos criminales. Números duros. Reales. Pero apenas una gota.

Suecia, en cambio, pasó de 19 millones a más de 237 en pocos años. ¿Cómo? No lo dicen con claridad. Solo que aprendieron. Que ahora miran distinto. Que ya no se traga entero lo que les cuentan los contadores, los testaferros, los que juegan al ajedrez con patrimonios.

Francia superó los 208 millones. España, 175.3. Bélgica y Holanda subieron sus cifras como si se les hubiera encendido una luz tarde. Pero Estados Unidos… ah. Estados Unidos nunca dijo nada. Como si nada hubiera pasado. Como si sus bancos, sus trusts, sus islas de papel no estuvieran también en esos archivos.

Y en Panamá, precisamente, el juicio terminó con 28 personas absueltas. Entre ellas, Mossack. El fundador. El nombre que dio identidad a la fuga. Absuelto. No por inocente, sino por falta de pruebas que encajen en el molde de la ley. Porque la ley, a veces, no está hecha para alcanzar lo que realmente importa.

En Chile hablan de mil 500 millones. Mil 500. Pero es una expectativa. Un caso. Glencore. Minera suiza. Deuda fiscal enorme. La disputa sigue en tribunales. Nada cobrado. Nada seguro.

En Ecuador, esperan 172 millones. En México, el Bahamas Leaks dio más que los Papers. Treinta millones contra veinticinco. Las cifras bailan. Depende de quién las cuente. Depende de si quieren que se sepa.

Qué extraño, ¿no? Que nueve años después, lo que más duele no sean los montos, sino la imposibilidad de rastrearlos. En Finlandia dijeron “unos millones”. En Israel, “evaluaciones importantes”. En Corea del Sur: “no tenemos datos”. En El Salvador: “eso no nos corresponde”.

El sistema no está diseñado para responder. Está diseñado para cerrar puertas. El de Canadá avanzó despacio. Auditas complejas. Contribuyentes que se niegan, que ocultan, que juegan al tiempo. Quebec espera recuperar 42,5 millones entre tres investigaciones. Lleva 34,5. Y el trabajo apenas comienza.

Pero hay algo más allá del dinero. Algo peor. Que aprendieron. Que ahora saben cómo se mueve el dinero. Cómo se disfraza. Cómo se lava bajo el nombre de un pariente, de una empresa fantasma en las islas Vírgenes, en las entrañas de Panamá.

Un banco en Suecia pagó 35 millones en Nueva York. Por casos ligados, aunque no directamente, a los Papers. Finlandia no dio cifras, pero su banco Nordea entró en la mira. Austria multó a Raiffeisen con 2,2 millones por fallas en prevención de lavado. No viene de los papeles directamente, pero sin los papeles, nadie lo hubiera mirado.

La gente salió a la calle en Londres. Miles. Con carteles. Con rabia. Con dolor. No porque les robaron un millón, sino porque entendieron que el sistema no está roto: está así a propósito.

En Nueva Zelanda, los trusts extranjeros cayeron un 75 por ciento después de 2016. Ellos mismos lo dicen: fue por los Papers. Porque se volvió más difícil fingir que no sabías quién estaba detrás del dinero.

Y en Chile, el caso Glencore sigue ahí. Abierto. Como una herida.

¿Cuánto más falta? Nadie lo sabe. ¿Quiénes son los que no aparecen? Eso duele más. Los nombres que no salieron. Los que no estaban en los correos. Los que usaron a otros para estar invisibles.

El dinero no se recupera solo. Se arranca. Se pelea. Se juzga. Y a veces, ni así vuelve.

Pero la pregunta no es cuánto se recuperó.

Es quién sigue ahí, protegido, mientras los demás pagan.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

Si tienes detalles adicionales, comunícalos aquí.

Dustin Wallace
Dustin Wallace

Dustin Wallace investiga abusos de poder en gobiernos estatales y federales, con enfoque en contratos opacos, sobornos y desvío de fondos públicos. Fue parte del equipo de investigación del Los Angeles Times y ha colaborado con ProPublica. Usa solicitudes FOIA, análisis financiero y fuentes internas verificadas. Estudió Ciencias Políticas en la University of Chicago y tiene una maestría en Periodismo de Investigación de Columbia University.

Infórmate sin distracciones, ¡regístrate ya!