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Cristiano Ronaldo lidera lista histórica de deportistas mejor pagados

Cristiano Ronaldo se tomó un segundo antes de hablar. Solo un segundo. Miró al cámara, como si midiera el tiempo que le quedaba en la cima. Cuarenta años. No es mucho. Pero ahí está, otra vez, arriba. No por goles, no por títulos. Por dinero. Por mucho dinero. Más que todos. Más que los que corren ahora, más que los que empiezan. Más que los que ya se retiraron y ni se acuerdan de su último contrato.

267 millones. Dólares. En 2025.

Y uno piensa: ¿pero quién está pagando eso? Porque no es solo el fútbol. Ni siquiera es el fútbol, al final. Es otra cosa. Algo que empezó entre patrocinios y zapatillas, y terminó convirtiendo el cuerpo del atleta en un territorio. Con fronteras. Con visas. Con dueños.

Ronaldo no juega en Europa. Juega en Arabia. Y su equipo, Al-Nassr, paga lo que nadie más pagó antes. Pero eso no explica todo. Porque si mañana deja de jugar —si se retira mañana, ahora mismo— seguiría estando en la lista. Por los anuncios. Por las redes. Por las botellas con su cara. Por la ropa interior, por los hoteles con su nombre, por las fotos en Instagram que valen más que un sueldo de minero en Bolivia.

Jon Rahm, el segundo, también está allí. Golf. No el deporte de los gritos, sino de los silencios. De los tratos. Él firmó con LIV Golf. Saudi-backed, dicen. Dinero del petróleo, del mismo desierto que pagó a Ronaldo. Noventa y siete millones, más lo que ganó con títulos. Pero el título más importante fue ese: hazte visible, aunque sea en otro continente, aunque sea en otro planeta deportivo.

No es nuevo, no es nuevo. Ya lo vimos con Bale, con Özil, con las estrellas que bajaron el ritmo… pero no la cuenta bancaria. Solo que ahora no es una salida. Es un plan. Arquitecturado. Calculado. Como si supieran que, en algún momento, el cuerpo fallaría. Que la rodilla, los reflejos, la vista, todo se apagará. Pero el nombre no. El nombre sigue.

Y ahí está Messi, tercero. No con el sueldo más alto. Al revés. En la MLS, el salario es más chico. Pero él no vive de eso. Él vive de la marca, de la cerveza, de las fotos con el celular en la mano, de los niños que usan su camiseta como bandera. Y de los anuncios. Miles. Como una máquina que nunca se detiene.

Pero, dime: ¿dónde está el fútbol en todo esto?

Porque Mbappé, quinto, sí sigue en Europa. Real Madrid. Contrato altísimo. Llegó con bombo y platillo. Pero el bombo no es solo por los goles. Es por el mercado. Por los millones que puede mover con un solo tuit. Una sonrisa. Un gesto.

Y los de la NBA, esos… Durant, Giannis, LeBron… todos con los mismos socios. La misma marca deportiva. Como si hubiera una sola red, invisible, que conecta sus zapatos, sus contratos, sus campañas.

LeBron. Cuarenta años también. Igual que Ronaldo. Pero en otra liga. Y sigue. Invirtiendo. En equipos, en series, en cervezas. Haciéndose dueño no solo de su imagen, sino de lo que vende alrededor.

Pero no hablan de eso en los titulares.

Hablan de dinero. Pero no del costo.

¿Qué pasa con los que no entran? ¿Los que juegan igual, ganan menos, y desaparecen? ¿Los que no tienen marca, ni redes, ni traductor para las entrevistas globales? ¿Los que se lesionan a los veintiocho y nadie vuelve a preguntar por ellos?

Todo esto empezó hace rato. Como en los años 90, cuando Jordan cambió el juego. No con un tiro, sino con un acuerdo. Con una firma. Con Air. Pero ahora no es solo una zapatilla. Es un imperio.

Y uno se queda pensando: si mañana el deporte deja de ser espectáculo, si la gente se cansa, si el modelo se quiebra… ¿qué queda?

¿Solo números?

¿O solo nombres que ya nadie recuerda, aunque alguna vez movieron miles de millones?

Porque al final, no importa cuánto ganen.

Lo que importa es quién decide cuánto valen.
Y quién no está en la sala cuando se firma ese valor.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Cole Mitchell
Cole Mitchell

Cole Mitchell investiga la relación entre deporte, dinero y poder. Fue parte del equipo de investigación de Sports Illustrated y ha colaborado con The Athletic en reportajes sobre corrupción en la FIFA, la NCAA y casos de dopaje encubiertos. Se enfoca en contratos opacos, lavado de dinero y abusos contra atletas jóvenes. Estudió Comunicación Deportiva en Syracuse University y tiene un diplomado en Ética y Deporte de la University of Michigan.

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