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Un oligarca bolivariano: el rey del ron que sobrevivió a la revolución

En una foto de los 90, un joven con camisa blanca y botas de trabajo está de pie frente a un barril de roble. Detrás, una bandera de Venezuela ondea medio rota. No es propaganda. Es Santa Teresa. Y él, Alberto C. Vollmer De Marcellus, no es un exiliado. Es un sobreviviente.

La pregunta que todos nos hicimos en 1999 —¿me quedo o me voy?— la respondió con un gesto que pocos entendieron: se quedó. Y no solo se quedó: creció.

Hoy, su ron se vende en más de 150 países. Factura más de 100 millones de euros al año. Es el cuarto más vendido del mundo. El 1796 ganó 84 medallas de oro. Yale, Harvard, IE Business School lo estudian como caso de resiliencia. Pero nadie habla de lo que eso costó.

Porque Santa Teresa no solo resiste. Negocia.

En 2002, tras el 11 de abril, un grupo armado trató de tomar la hacienda. Golpearon al vigilante casi hasta matarlo. Vollmer vio que la resistencia no servía. Entonces hizo algo raro: les ofreció trabajo. Comida. Techo. Y un balón ovalado.

Así nació Alcatraz —sí, con z, como el penal, pero al revés: un lugar donde los que salían para matar, entraban para jugar. Rugby. No como deporte. Como disciplina. Como redención.

Y funcionó. En el municipio Ribas —uno de los más violentos del país— los homicidios bajaron de 114 por cada 100,000 habitantes… a 4. Cuatro.

Pero el precio fue hablar con quienes otros callaban

Didalco Bolívar. Rafael Isea. Tarek William Saab. Hasta Chávez, que en 2006 anunció un centro agrícola con Vollmer. Nunca se construyó. Pero Santa Teresa salió de la crisis.

Llegó Maduro. Y curiosamente… vino lo mejor.
2017: 1.2 millones de cajas producidas.
2020: acciones en la bolsa de Caracas.
2023: cónsul honorario de Corea del Sur. Presidente de Conproindustria. Voluntario para mediar entre Zapatero y la oposición en Washington —aunque luego negó haber estado allí.

Él dice que juega limpio. Que no es oposición ni chavismo. Que es práctico. Que Chávez era un soñador. Que Maduro es un negociador.

Y mientras, otras empresas cerraban por controles de precios, falta de divisas, inspecciones que llegaban como operativos. Santa Teresa no solo se mantuvo: creó 7,500 empleos.

Omar Rodríguez —ex golpista del 27-N— hoy pinta casas junto a ex invasores. Uno de esos ex invasores es ahora su guardaespaldas.

La verdad es que… todos lo sabemos: en una dictadura, nadie crece sin un acuerdo. Ni siquiera el bueno.

¿Es un ejemplo de resiliencia?
¿O un recordatorio de que, cuando el Estado se rompe, los que sobreviven no son los más limpios… sino los que saben negociar con lo roto?

No lo sé.
Pero mientras escribo esto, a las tres de la mañana, con el café frío y una botella de Santa Teresa Reserva sobre la mesa —sí, la compré—, me pregunto:
¿Cuántos de nosotros, en su lugar, habríamos dicho que no?

Ethan Brooks
Ethan Brooks

Ethan Brooks es periodista de investigación especializado en política interna de EE.UU. y su impacto global. Trabajó en The Boston Globe y colaboró con Reuters en coberturas sobre elecciones, seguridad nacional y alianzas en América Latina y Asia. Estudió Ciencias Políticas en Yale y tiene una maestría en Estudios Internacionales de la Fletcher School (Tufts).

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