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Lavado de dinero en bienes raíces: alerta crítica para inversionistas

La señora dobló la esquina con un sobre en la mano. Nada especial, salvo que lo entregó en una oficina sin letrero, en una torre de esas que parecen vacías. Llevaba meses viéndola. Siempre el mismo traje, el mismo horario. Como si repitiera un guion. Nadie la saludaba. Nadie preguntaba.

Hace unas semanas, un corredor me dijo —creo que se llamaba Eduardo, o Ernesto— que había visto casos raros en Bogotá, en zona de embajadas, donde un apartamento se compraba y revendía en menos de treinta días. No con ajuste de precio. Al doble, sin remodelar, sin justificar. Y no, no había anuncios, no fotos en portales, ni visitas. Solo un cambio de nombre en la escritura. Alguien paga. Alguien firma. Y luego, otro.

No es nuevo, no es nuevo. Todos lo sabemos. Lo vimos en los noventa con los testaferros del norte, en los dos mil con las inmobiliarias fantasma. Pero ahora es más frío. No es solo corrupción. Es un sistema que aprendió a pasar inadvertido. Dinero que entra sin nombre, sin origen, sin explicación. Se compra un inmueble, se registra, se alquila, y de pronto ya está limpio. El riesgo no es perder la inversión. Es convertirse en cómplice sin darse cuenta.

Hay quien dice que lo hacen desde fuera con cuentas en paraísos fiscales. Otros aseguran que hay empresas que no existen, pero tienen papeles legales. Y tras ellas, siempre una persona que no puede explicar de dónde sacó los millones. He escuchado hablar de pagos en efectivo, en fajos, en diferidos, pasados por tres bancos distintos. También de terceros que firman: un primo, un exsocio, un abogado. Gente que nunca pregunta para qué.

Y no se trata de cuánto vale un apartamento en Altamira, sino de qué precio tiene el silencio. Porque hay escribanos que no cuestionan. Hay agentes que no verifican. Hay empresas que automatizan el papeleo y borronean la sospecha. La verdadera burbuja no está en los precios. Está en la impunidad. En la certeza de que no va a pasar nada.

La tecnología promete solución: software que detecta, sistemas que monitorean, alertas que encienden luces. Pero si el notario firma igual, si el registrador no mira, si el banco no investiga… no importa cuántas herramientas hayan. El sistema no se quema porque sí. Se mantiene caliente a propósito.

Yo pienso en la señora del sobre. No la seguí. No me atreví. Pero algo me dice que si alguien limpiara su historial bancario, no encontraría sino movimientos limpios. Sin origen sucio. Todo en orden. Por eso dan miedo estas cosas. No por lo que se ve. Por lo que no se puede probar.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Natalie Pierce
Natalie Pierce

Natalie Pierce investiga empresas fantasma, paraísos fiscales y flujos de capital ocultos. Colaboró con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en los Pandora Papers y los FinCEN Files. Su trabajo se basa en filtraciones, registros corporativos y análisis de redes de propiedad beneficiaria. Estudió Relaciones Internacionales en Georgetown y tiene una maestría en Periodismo de Investigación Financiera de la London School of Economics.

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