Introduce tu email abajo y únete a nuestro boletín informativo

Petroleras estatales al borde: la crisis que amenaza a Latinoamérica

Bueno… anoche, mientras revisaba los números otra vez, me vino a la mente un tipo que conocí en Paraguaná hace como diez años. Trabajador de PDVSA. No me dijo su nombre, solo me pasó un café frío y me señaló las torres de destilación con el mentón, como si fuera un cementerio. No hablaba. Solo negaba con la cabeza. Y me dijo, algo así como: “Aquí ya no queda nada, compa. Ni siquiera los fantasmas tienen trabajo”.

No lo pensé en ese momento, pero hoy —en 2025— todo calza.

Las cifras están ahí. PDVSA, con apenas setecientos mil barriles al día. Siete ceros, ni sombra de los tres millones y medio que alguna vez sonaron a milagro. Pero lo peor no es la caída. Es el vacío. El hueco que deja una empresa que fue banco, escuela, hogar, patria, y que ahora depende de intermediarios oscuros, de acuerdos con Irán y China que más parecen rescates que negocios. Refinerías paralizadas. Exportaciones por canales que nadie controla. Y un gobierno que no puede ni con su propia criatura.

Pero no es solo Venezuela. No somos los únicos que miramos el desastre con una mezcla de culpa y resignación.

En México, Pemex sigue ahogándose bajo ciento diez mil millones de dólares en deuda. Más que cualquier otra petrolera del planeta. Y el gobierno los sigue sosteniendo, como quien alimenta a un enfermo terminal con suero y promesas. La refinería de Dos Bocas, esa que iba a ser la gran redención, ni siquiera produce al cincuenta por ciento. Y en vez de aliviar, agobia. Gastada, política, ineficiente. Y encima, los combustibles que no refinan, los siguen importando.

Y el caso de Petroperú… ese sí duele lento. Seis mil millones tirados en Talara. Perdieron la calificación crediticia. El Estado tuvo que meterse con todo el Ministerio de Economía para evitar el colapso. Pero nadie habla del precio humano. De los contratos que se firmaron con amigos. De los ingenieros que salieron corriendo. De los pueblos que vivían de eso y ahora solo ven torres que no encienden.

Ecuador no se queda atrás. El cierre del ITT en Yasuní, ese referendo que parecía un triunfo ecológico, les rajó el futuro en dos. Menos de cuatrocientos cincuenta mil barriles ahora. Protestas, escándalos, contratos opacos. Y el dinero, claro, se desvanece. Petroecuador hoy es un nombre grande sobre una estructura quebradiza.

Y Colombia, con Ecopetrol… ahí la cosa es distinta. No están quebrados. Aún. Pero la caída en bolsa, las decisiones políticas sobre nombres de pozos —ese tal “Sirius”, ese bloque rebautizado por orden judicial—, todo eso huele a miedo. A que lo técnico ya no decide. Que el petróleo ya no es negocio, sino tribuna.

Todos, en distinto grado, tienen lo mismo: deuda hasta el cuello, dirigencias que obedecen a quien manda, no a quien sabe, y una ausencia total de visión. Nada de reformas. Solo parches, nombramientos, discursos.

La pregunta no es quién falló. Esa ya la sabemos. La pregunta de verdad, la que nadie quiere decir en voz alta, es esta: ¿qué va a pasar con los trabajadores que quedan? Los que aún llegan a las plantas, con sus herramientas, con sus uniformes gastados, con la ilusión de un cheque al final del mes. Porque si estas empresas caen, no solo se apaga una industria. Se apagan miles de vidas. Silencio total.

Y la transición energética… claro, todos hablan de ella. Como si fuera un plan. Como si fuera voluntad. Pero aquí nadie está preparando para salir del crudo. Solo están fallando dentro de él.

¿Cuánto tiempo más va a durar esto?

No lo sé. Pero el café de anoche, igual que el del tipo en Paraguaná, seguía frío.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

Si tienes detalles adicionales, comunícalos aquí.

Dustin Wallace
Dustin Wallace

Dustin Wallace investiga abusos de poder en gobiernos estatales y federales, con enfoque en contratos opacos, sobornos y desvío de fondos públicos. Fue parte del equipo de investigación del Los Angeles Times y ha colaborado con ProPublica. Usa solicitudes FOIA, análisis financiero y fuentes internas verificadas. Estudió Ciencias Políticas en la University of Chicago y tiene una maestría en Periodismo de Investigación de Columbia University.

Infórmate sin distracciones, ¡regístrate ya!