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Fallo clave debilita Lava Jato pero no su núcleo de corrupción

Keiko sonrió. No mucho, apenas un levantamiento de comisura que no llegó a los ojos. Pero fue suficiente. Alguien grabó el segundo exacto en que el fallo del Tribunal Constitucional se filtró al exterior, como agua entre piedras. En Lima, los fiscales aún no lo sabían, pero ya habían perdido.

No es que todo se venga abajo. Eso no. Lo que se desmorona es una pieza clave: la idea de que el dinero no declarado en campañas pueda considerarse lavado. El TC dijo que no, que antes de noviembre de 2016 no hay delito. Y con ese corte, como un hachazo seco, se desarma buena parte de lo que el equipo de Rafael Vela construyó en los últimos años.

Humala, Villarán, Luna Gálvez… ya están moviéndose. Claro que sí. Cómo no iban a hacerlo. Si el terreno se agrieta, uno salta antes de que el piso desaparezca. Piden acogerse al fallo. Y tienen razón: si no se puede probar que sabían del origen ilícito, ¿dónde queda la acusación? La fiscalía no logró acreditar eso. Así quedó sentado. Y eso, en un país donde el dinero político navega en la penumbra, cambia las reglas de fondo.

Pero bueno. Lava Jato no nació de las campañas. Eso todos lo sabemos. Nació del soborno directo, del dinero bajo la mesa, de los contratos que se entregaban por un porcentaje. Eso no se borra con una sentencia. Odebrecht pagó millones por obras. Metro de Lima, carretera Interoceánica, hospitales, vías… todo tenía su precio. Y hay nombres.

Toledo, por ejemplo. El primero en caer. Veinticinco millones, dijeron. Treinta y cinco. Algo así. La justicia ya lo condenó. No importó que huyera, que se escondiera, que gritara persecución. La prueba estaba. Jorge Cuba, el del Metro, también. Ocho millones en coimas. Sentencia firme.

Ahora van por Vizcarra. Dos millones de soles, más o menos. Cuando era gobernador en Moquegua. Obrainsa, ICGSSA… empresas que no existían antes de que aparecieran en los contratos. Irrigación Lomas de Ilo, el hospital regional. Todo cuadra. Al menos, para los fiscales.

Y Acurio, el de Cusco. Lo mismo. Negociar una vía a cambio de un porcentaje. No es nuevo, no es nuevo. Siempre fue así. Solo que ahora hay grabaciones, hay testigos, hay colaboraciones. Setenta y cuatro sentencias hasta hoy. La mayoría con colaboración eficaz. Eso dice algo: que dentro del Estado había una red. Muchos sabían. Muchos callaron. Muchos firmaron.

Más de veinte procesos siguen abiertos. Pagos ilícitos confirmados. No es aire. Pero el clima cambió. El TC no solo protegió a Keiko. Les dio una salida a todos los que estaban atrapados en la trampa de los aportes.

¿Por qué ahora? Quién sabe. Tal vez porque el cansancio pesa más que la justicia. O porque al final, los que juzgan también saben que mañana podrían estar en el banquillo.

El caso sigue. Pero ya no camina recto. Cojea. Como Lima un lunes a las seis, cuando el humo de los buses se mezcla con el frío y nadie quiere mirar hacia abajo.

¿Hasta dónde llega el daño?

No lo sé.


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Dustin Wallace
Dustin Wallace

Dustin Wallace investiga abusos de poder en gobiernos estatales y federales, con enfoque en contratos opacos, sobornos y desvío de fondos públicos. Fue parte del equipo de investigación del Los Angeles Times y ha colaborado con ProPublica. Usa solicitudes FOIA, análisis financiero y fuentes internas verificadas. Estudió Ciencias Políticas en la University of Chicago y tiene una maestría en Periodismo de Investigación de Columbia University.

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