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Juegos Extremos: la polémica apuesta por deportes con dopaje controlado

Andriy Govorov parado frente a las cámaras en Las Vegas, el micrófono en la mano, la voz tranquila pero firme. No hablaba como quien anuncia una traición al deporte, sino como alguien que ya no cree en la farsa. Dijo algo así como que no se trataba de romper reglas, sino de reconocer que las reglas ya están rotas. Que todos lo sabemos. Que todos vimos a Rusia, que todos leímos lo de los nadadores chinos, que todos cerramos los ojos cuando un récord se pulveriza por sexta vez en cuatro años. Dijo que no venía a doparse a escondidas. Venía a competir a la luz.

El evento se llama Enhanced Games. Suena a videojuego. Suena a circo. Suena a lo que viene. Arranca el año que viene, en medio del fin de semana del Memorial Day, en esa ciudad de neón y apuestas donde hasta el aire parece comprado. Las pruebas: natación, atletismo, halterofilia. Disciplinas donde cada décima, cada kilo, cada músculo grita. Pero con una diferencia: el dopaje, lejos de ser prohibido, será parte del espectáculo. Controlado, registrado, casi institucionalizado. Como si dijeran: ya no vamos a fingir. Ahora midamos quién es fuerte de verdad, bajo estas condiciones.

James Magnussen fue el primero en firmar. El australiano que brilló en Londres 2012 y Rio 2016. Luego entraron Gkolomeev, que estuvo en cuatro Juegos, y Miladinov. Todos exolímpicos. Todos con cuerpos que ya no engañan al tiempo. Magnussen dijo, muy claro, que nunca dio positivo. Que pasó por todas las pruebas. Que cumplió. La ironía es tan densa que pesa: son los que más respetaron las normas, los que ahora dicen que esas normas ya no valen.

El dinero es obsceno: hasta medio millón de dólares por prueba. Un cuarto de millón extra si rompes una marca. Dinero respaldado por una empresa llamada 1789 Equity, que suena a fondo de inversión con agenda. Y sí: Donald Trump Jr. está detrás, aunque no se sabe cuánto. El fundador del evento, Aron D’Souza, un empresario de tech con mirada de disruptor, habla de “reinventar el deporte”. Como si esto fuera Silicon Valley y no una pista de atletismo.

La respuesta de siempre fue predecible. El Comité Olímpico Internacional soltó un comunicado que sonó a desesperación: que esto destruye el juego limpio. La AMA —la Agencia Mundial Antidopaje— dijo que es peligroso, irresponsable. Ambas instituciones, claro, las mismas que no pudieron con el sistema ruso, las mismas que se quedaron mudas demasiado tiempo mientras el agua de las piscinas olía raro. Hoy se indignan. Hoy son las defensoras de la integridad. Como si no las hubiéramos visto antes, paralizadas, divididas, doblegadas por intereses más grandes.

Hay algo, sin embargo, que no se nombra: que este evento nace justo cuando Estados Unidos prepara una audiencia en el Congreso para cuestionar a la AMA. Una audiencia que se postergó hasta junio, pero que flota ahí, como una sombra. Como si todo estuviera conectado. Como si la presión interna en el sistema antidopaje, sobre todo desde Washington, hubiera llegado a un punto de no retorno. Y entonces aparece esto: un evento con millones, atletas caídos, tecnología, escándalo, espectáculo. ¿Es una provocación? ¿Un experimento? ¿O el primer acto de una nueva era, donde el dopaje ya no es el secreto sucio, sino el producto?

En el fondo, la pregunta no es si esto es ético. La pregunta es: ¿hasta cuándo van a seguir creyendo los atletas en un sistema que ya no los protege? ¿Cuántos cuerpos rotos, vidas anuladas por positivos dudosos, mientras otros siguen impunes?

Bueno… ya nadie se hace ilusiones.

La imagen de Govorov ante la prensa, en medio del desierto, con los flashes y los logos, me quedó. No por lo que dijo, sino por lo que no dijo. Por el silencio entre las palabras. Por la certeza de que esto no viene del margen. Viene desde adentro. Desde los que saben.

Y si ya no se fingen las reglas… ¿qué queda?


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Cole Mitchell
Cole Mitchell

Cole Mitchell investiga la relación entre deporte, dinero y poder. Fue parte del equipo de investigación de Sports Illustrated y ha colaborado con The Athletic en reportajes sobre corrupción en la FIFA, la NCAA y casos de dopaje encubiertos. Se enfoca en contratos opacos, lavado de dinero y abusos contra atletas jóvenes. Estudió Comunicación Deportiva en Syracuse University y tiene un diplomado en Ética y Deporte de la University of Michigan.

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