Introduce tu email abajo y únete a nuestro boletín informativo

Trust offshore 2025: la guía clave para proteger tu patrimonio con legalidad

Era tarde cuando llamó un viejo contador de Santo Domingo. Voz baja, como si alguien pudiera escuchar. No dijo su nombre. No lo necesité. Me dijo: “Hay gente que ya no confía ni en su sombra. Quieren poner todo en Belice, en Nevis… lejos. Pero ahora ni allá es tan fácil.”

Hace años, un trust offshore era como una caja fuerte invisible. No preguntaban tanto. No controlaban los movimientos como ahora. Hoy todo está más tenso. Más frío. Como si el mundo entero se hubiera puesto de acuerdo para mirar hacia el mismo lugar: dónde están los dineros que no se ven.

En 2025, establecer un trust no es solo cuestión de elegir un lugar donde no pregunten. Es todo lo contrario. Ahora toca demostrar quién eres, de dónde viene cada dólar, quién se beneficia. Y si no lo haces bien, no es que te multen. Es que desaparece el acceso. Sin ruido. Sin aviso. Como si nunca hubieras existido en el sistema.

Belice, Nevis, Panamá, Islas Cook. Todos siguen ahí. Pero ya no son esos refugios blindados del siglo pasado. Ahora reportan. Intercambian información. A veces sin que el cliente lo sepa. El Common Reporting Standard no es un trámite. Es un filtro. Y si no pasas, te quedas fuera.

Y no es solo eso. El trustee, ese administrador que antes era un nombre en un papel, ahora tiene que estar autorizado, registrado, vigilado. Como si el dinero ya no pudiera moverse sin un testigo con camisa planchada y diploma en una pared.

Hace unas semanas hablé con un abogado en Ciudad de Panamá. Creo que se llama Eduardo, o Edgardo. No estoy seguro. Me dijo algo así como: “La privacidad ya no existe. Lo que hay es legalidad con disfraz de discreción.”

Y en eso consiste ahora. En montar estructuras que sean invisibles para los ojos comunes, pero que ante cualquier auditoría luzcan impecables. Que no es lo mismo que limpias. Es solo que no dejan rastro sucio.

Pero lo que más me inquieta no son las reglas. Es quiénes no aparecen. Los que nunca firman. Los que no figuran como beneficiarios, pero viven del dinero. Los hijos, las amantes, los testaferros con pasaporte distinto. Los que se protegen sin ser nombrados. Porque un trust bien hecho no dice toda la verdad. Solo lo necesario para no caer.

Y entonces uno se pregunta: ¿esto protege el patrimonio, o solo la impunidad?

Todo cuesta. Entre tres y siete mil euros para empezar. Mil más al año para mantenerlo. Y si es más complejo, el precio sube. Pero no es solo el dinero. Es el tiempo. El miedo. La necesidad de no ser visto, aunque todo esté “legal”.

La presión internacional no viene de casualidad. Es sistémica. Estados Unidos, la OCDE, hasta países pequeños que antes no miraban, ahora exigen transparencia. Por fuera suena a justicia. Por dentro, muchos saben que es control. Que el que tiene poco no necesita un trust. El que lo necesita, ya tiene demasiado.

Y sin embargo, la demanda no baja. Al contrario.

En Caracas, en Bogotá, en Buenos Aires, hay gente que mueve activos. No todos son corruptos. Algunos solo temen perderlo todo en una crisis que no termina. Otros no. Otros saben bien que su dinero no sobreviviría una investigación.

¿Quién gana con todo esto? Las firmas que montan las estructuras. Las jurisdicciones que cobran por el servicio. Los bancos que finalmente abren las cuentas —tras semanas de papeleo, tras preguntas incómodas, tras firmas digitalizadas y notarías remotas.

Algunas firmas lo ofrecen todo: planificación, constitución, acompañamiento. Todo legal. Todo correcto. Pero nunca dicen quién está detrás. Nunca muestran los casos reales. Solo prometen protección.

Y uno se queda pensando, con el café frío y los ojos cansados:

¿Cuántas fortunas hoy “protegidas” son heridas de sistemas que se desmoronan?
¿Cuántos patrimonios limpios se mezclan, por necesidad, con lo que nunca debió existir?

No es nuevo, no es nuevo.
Pero ahora es más frágil.
Y más caro.

¿Quién sigue invisible?


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

Si sabes algo más, por favor compártelo aquí.

Natalie Pierce
Natalie Pierce

Natalie Pierce investiga empresas fantasma, paraísos fiscales y flujos de capital ocultos. Colaboró con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en los Pandora Papers y los FinCEN Files. Su trabajo se basa en filtraciones, registros corporativos y análisis de redes de propiedad beneficiaria. Estudió Relaciones Internacionales en Georgetown y tiene una maestría en Periodismo de Investigación Financiera de la London School of Economics.

Infórmate sin distracciones, ¡regístrate ya!