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En un hotel lujoso de Las Vegas, el nadador ucraniano Andriy Govorov, con su carné de prensa en la solapa, anuncia su decisión de unirse a la competencia más controvertida del deporte moderno: los Enhanced Games. “Aquí, todos los atletas tenemos la oportunidad de ser los mejores, sin tapujos”, dice, su voz clara y firme. El escenario de esta nueva batalla deportiva será la semana del Memorial Day del próximo año, en la Ciudad del Pecado.
Los Enhanced Games, organizados por el empresario tecnológico Aron D’Souza, se presentan como una alternativa a los Juegos Olímpicos, pero con una diferencia crucial: permiten el uso de drogas para mejorar el rendimiento. “Queremos mostrar que la regulación, no la prohibición, es la clave para un deporte más transparente y justo”, afirma D’Souza, quien ha conseguido financiamiento de 1789 Equity, un grupo respaldado en parte por Donald Trump Jr. El evento ofrecerá premios de hasta 500,000 dólares por evento, con bonificaciones adicionales de 250,000 dólares para aquellos que rompan récords.
Entre los primeros en unirse a esta iniciativa está James Magnussen, nadador australiano medallista olímpico en 2012 y 2016. “He seguido todas las reglas, me han hecho pruebas constantes, y he visto lo difícil que es competir limpio”, explica Magnussen, con un tono de resignación. “Si este es el futuro del deporte, prefiero estar aquí donde todo es claro y controlado.”
“Y no es solo Magnussen”, añade Kristian Gkolomeev, otro nadador olímpico. “Hay muchos de nosotros que han pasado por situaciones muy difíciles. Al menos aquí, no hay secretos.”
La reacción del Comité Olímpico Internacional (COI) y la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) no se ha hecho esperar. “Si quieres destruir cualquier concepto de juego limpio y competencia justa, este es el camino a seguir”, declaró un portavoz del COI. James Fitzgerald, vocero de WADA, fue aún más tajante: “Condenamos los Enhanced Games como una idea peligrosa e irresponsable. Nos preocupa profundamente su surgimiento.”
Pero detrás de estas declaraciones, hay una realidad ineludible: la lucha contra el dopaje en el deporte ha estado plagada de escándalos. Desde las acusaciones contra nadadores chinos hasta el caso ruso que sacudió las bases del movimiento olímpico, la confianza en el sistema antidopaje ha sido erosionada año tras año.
Existen voces en el mundo anti-doping que ven en los Enhanced Games una posible solución. “El sistema está tan roto que tal vez un enfoque más regulado y transparente sea lo que necesitamos para descubrir quién es realmente el mejor”, opina María Rodríguez, ex-atleta y activista en contra del dopaje. María, de 38 años, vive en Bogotá y ha visto de cerca el impacto del dopaje en sus competencias. “Honestamente, siento que estamos perdiendo el combate. Tal vez esta nueva propuesta nos haga replantearlo todo.”
La anuncio de los Enhanced Games coincidió con un día crucial en Washington, donde estaba programada una audiencia del Congreso para revisar los problemas entre WADA y las autoridades antidopaje de Estados Unidos. “Esto no es casualidad”, asegura un funcionario del Departamento de Justicia que pide no ser nombrado. “Los detractores de WADA querían aprovechar el momento para generar más presión sobre la organización.”
Mientras, en las calles de Las Vegas, la expectativa se palpita en el aire. Los carteles promocionales de los Enhanced Games ya están en todos los rincones de la ciudad. “Es como si la droga ya hubiera llegado, pero en forma de evento”, comenta Luis Flores, un habitante local de 45 años. “No sé si esto es un avance o un retroceso, pero lo que sí sé es que algo está cambiando.”
Y el futuro del deporte, en el fondo, ya no depende solo de los atletas, sino también de la capacidad de las instituciones para adaptarse a un mundo donde las fronteras entre lo permitido y lo prohibido se vuelven cada vez más difusas.
¿Qué sucederá cuando las drogas sean parte oficial del juego?
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