Suscribirse al Boletín
Introduce tu email abajo y únete a nuestro boletín informativo
Introduce tu email abajo y únete a nuestro boletín informativo

En Acapulco, un niño de 7 años, Andrés Ramírez, juega con su tableta mientras su madre, María, intenta hacer una videollamada. De repente, la pantalla se llena de caritas animadas y filtros que reconocen la cara de Andrés. “¿Cómo es que la tableta sabe hacer eso, mamá?”, pregunta él, curioso. María, como muchos padres, no sabe cómo responder. La Inteligencia Artificial (IA) está en todas partes, pero a menudo pasamos por alto el hecho de que nuestros hijos la están usando sin entender cómo funciona.
La IA puede parecer un término complicado, pero en realidad es bastante sencilla. Para un adulto, la IA es una tecnología que permite a las máquinas aprender de la información que les damos y, con ese aprendizaje, tomar decisiones o realizar tareas de manera parecida a un ser humano, aunque no tienen emociones ni conciencia. Para un niño, imagina que es cuando una computadora o un robot aprende cosas y puede hacer tareas por sí misma, como si tuviera un pequeño cerebro de ideas, aunque hecho de programas y circuitos.
Un ejemplo sencillo: cuando hablas con Siri o Alexa para que te diga el tiempo, o cuando el filtro de Tik Tok sabe dónde ponerte orejas de perro, eso es inteligencia artificial en acción. La máquina está aprendiendo de ti y de lo que le gusta a miles de personas más.
Las palabras a veces no son suficientes. Por eso, las analogías son tus mejores aliadas:
“Imagina que tienes un amigo robot que acaba de nacer y no sabe nada del mundo. Si le enseñas que los perros hacen ‘guau’ y los gatos hacen ‘miau’, y le muestras muchísimas fotos y sonidos de ambos, poco a poco tu amigo robot aprenderá a distinguirlos por sí mismo. Después de un tiempo, si ve un animal nuevo, podrá decirte si es un perro o un gato sin que tú se lo digas. ¡Eso es exactamente lo que hace la IA!”
“Piensa que la IA es como un superdetective muy, muy rápido. Este detective ve muchísimas cosas que se parecen y dice: ‘¡Ah, ya entendí! Cuando pasa esto (como ver nubes muy, muy negras), normalmente sigue esto otro (como que va a llover)’. La IA es experta en encontrar esos patrones escondidos para predecir lo que puede pasar o para entender lo que está viendo.”
“Cada vez que usas tu celular, juegas a un videojuego o navegas por internet, la IA está como un asistente muy atento con una libreta mágica. Apunta todo lo que haces, lo que te gusta, lo que buscas. ¿Por qué? Para ayudarte después. Por ejemplo, para recomendarte el siguiente nivel de tu juego favorito, o para que encuentras más fácil ese juguete que te encanta. Es una libreta que nunca se le olvida nada y siempre busca la forma de hacer tu vida más fácil y personalizada.”
Educándolos en IA, no solo les damos un regalo de futuro, sino les explicamos el presente. Ya juegan, aprenden y se divierten con IA sin saberlo, desde sus juguetes conectados hasta las apps educativas. Les da control, no miedo. Cuando comprenden cómo funciona algo, se sienten más seguros y curiosos, en lugar de asustados por lo desconocido. Además, plantamos semillas para futuros creadores. Las mentes jóvenes son las más innovadoras, y darles estas bases es cultivar el terreno para los futuros científicos y pensadores.
No necesitas esperar a que sean adolescentes para empezar a hablar de IA. A los 5 o 6 años, pueden captar ideas muy básicas a través de juegos y conversaciones. Explica cómo funcionan las recomendaciones: “¿Por qué YouTube te sugiere ese video? Porque aprendió que te gusta ese tipo de dibujos.” Explica qué son los datos: “Cada dibujo que haces o cada foto que tomas son ‘datos’ para la computadora.” Explica qué es un patrón: “Si siempre después del sol sale la luna, eso es un patrón.” Y explica por qué una máquina “se equivoca”: “Si le enseñamos mal, ¿aprenderá bien?”
A los 9 o 10 años, ya pueden pasar a la acción y experimentar con herramientas reales diseñadas para ellos. Plataformas como Machine Learning for Kids, Scratch con extensiones de IA, y proyectos de dibujo con IA como Quick, Draw! de Google son excelentes para que aprendan de manera práctica.
La mejor forma de aprender es haciendo. Algunas ideas:
Cómo jugar: Dale a los niños muchas tarjetas con dibujos (animales, comida, juguetes). Un niño hace de “máquina” y el otro le va mostrando las tarjetas. El “humano” decide las “reglas” iniciales para clasificar (ej. “si tiene 4 patas es animal”). La “máquina” intenta adivinar.
Aprendizaje: Experimentan cómo las máquinas clasifican información basándose en reglas o características.
Cómo jugar: Un niño hace de “IA” (con los ojos vendados o de espaldas), el otro le da ejemplos con objetos: “Esto es una manzana” (se la toca), “Esto es una piedra” (se la toca). Luego, le da un objeto nuevo y le pregunta: “¿Qué es esto?”
Aprendizaje: Entienden cómo una IA aprende de los “datos” que le proporcionamos.
Enseñar inteligencia artificial es también enseñar responsabilidad y valores. No se trata solo de tecnología, sino de cómo la usamos. La IA no decide sola. Repite lo que aprende de nosotros. Es como un espejo. Si le enseñamos cosas negativas, las replicará. Si le enseñamos respeto y buenos valores, los imitará. La IA debe usarse para ayudar, no para hacer trampa, espiar o lastimar. Es importante que entiendan el propósito positivo de la tecnología.
También debemos explicar que sus acciones influyen en la IA. Lo que dicen a un asistente de voz, lo que escriben en un chat o lo que comparten en redes sociales son “datos” que las IA usan para aprender. Esto les da una perspectiva de su propio rol en el ecosistema digital.
Queremos que entiendan, no que se confundan o se asusten. Evita estos fallos:
Cuando un niño se familiariza con la Inteligencia Artificial, se activan perspectivas y habilidades increíbles. Se vuelven más curiosos y críticos. Ya no aceptan la tecnología como magia; quieren saber cómo funciona y por qué. Empiezan a hacer preguntas importantes: “¿Quién hizo esto?”, “¿Para qué sirve?”, “¿Podría usarse para algo malo?”. Entienden mejor cómo se mueve el mundo digital. Comprenden por qué ven ciertas publicidades o por qué su juego favorito “sabe” lo que quieren. Desarrollan pensamiento lógico, ético y creativo. Al entender los sistemas, pueden imaginar nuevas formas de usarla, o incluso cambiarla.
Y lo mejor de todo: la respetan, la entienden… y aprenden a usarla a su favor. Pasan de ser consumidores pasivos a ciudadanos digitales activos y pensantes.
La Inteligencia Artificial no es cosa solo de adultos. Es cosa de todos, y especialmente de las nuevas generaciones. Enseñársela a los niños no requiere un doctorado en robótica. Requiere intención, metáforas adecuadas, actividades prácticas y un poco de tiempo. Porque si un niño comprende la IA, puede imaginar nuevas formas de usarla, o incluso cambiarla.
Entender la IA ya no es opcional. Es parte del nuevo lenguaje del futuro. Y quien no lo habla… simplemente se queda fuera.
Pero, ¿y si no lo dejamos fuera? ¿Y si, en lugar de dejar que la IA sea una caja misteriosa, la convertimos en una herramienta que los niños entiendan y dominen?
Escrito por una persona 😊, no por la IA.
¿Tienes conocimiento de un acontecimiento? Comparte tu información aquí.