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América Latina pierde 12 mil millones: así se esconde el dinero en paraísos fiscales

Habla con un tono bajo, como si no quisiera que lo escucharan. Tiene los dedos manchados de tinta, las uñas mordidas, la corbata floja. Está sentado en un banco de madera frente al Ministerio de Hacienda, en Caracas. No entra. No necesita. Ya conoce de memoria los pasillos por donde se filtran los silencios de los que nadie habla. Se llama Eduardo, pero no importa su nombre. Importa lo que sabe: que cada año, por esos pasillos, por esos cables, por esos tratados mal cosidos, se van doce mil millones de dólares. Doce mil millones.

No es poca cosa. Es más de lo que el Estado venezolano ha destinado a salud pública en los últimos tres años juntos. Es el equivalente a mil escuelas nuevas, a cien hospitales equipados, a un salario digno para cien mil profesionales. Pero no está en las escuelas. No está en los hospitales. Está en otras playas. En otras islas. En otros nombres.

Panamá aparece otra vez. Puesto 15 en el Índice de Secreto Financiero 2025. No es casualidad. Es un patrón. Un patrón que se repite como cicatriz. Hay nombres que nunca salen en las listas: los que firman, los que autorizan, los que miran para otro lado mientras se traspasan contratos encriptados desde Montevideo, desde São Paulo, desde Nassau.

Uruguay. Brasil. Las islas del Caribe. Vías. Puentes. Puertos de salida. Jurisdicciones que, por diseño legal, permiten que el dinero latinoamericano salga. Pero no como inversión. No como progreso. Sale como fuga. Como sangrado lento. Como un drenaje que nadie cierra.

¿Por qué ahora? Porque siempre ha sido así. Pero ahora lo miden. Y el dato duele. Doce mil millones no es una estimación. Es una cuenta. Está basada en el Estado de la Justicia Fiscal 2024. Lo hizo Tax Justice Network. No es una ONG cualquiera. Es una red de investigadores que ha desentrañado paraísos fiscales desde hace veinte años. Con métodos fríos, duros. Sin adjetivos. Solo cifras. Y las cifras no mienten.

Pero mienten los registros. Mienten los nombres en las sociedades pantalla. Mienten los testaferros que nunca dan la cara. Hay empresas que no existen, pero que facturan millones. Hay cuentas que no llevan nombre, pero que se mueven como fantasmas. Y hay gobiernos que firman convenios de cooperación fiscal, pero que luego no intercambian información. O la intercambian tarde. O la intercambian a medias.

Conozco a un contador en Ciudad de México que me dijo algo así como: “aquí ya no se esconde el dinero. Se lo llevan legalmente”. Hablaba de tratados bilaterales, de estructuras multinivel, de holdings en islas donde ni siquiera hay una oficina. Solo un correo. Un dominio. Una dirección postal ficticia. Pero millones reales.

Hace unas semanas, en Quito, una auditoría reveló que una empresa minera declaraba ganancias anuales de cinco millones de dólares. Pero en sus libros off shore —porque claro, también existen—, se movían más de doscientos. Sin impuestos. Sin rastro. Con todos los permisos en regla.

¿Quién se beneficia?

No son solo los dueños de las minas. Ni los accionistas. Es una red. Abogados, consultores, banqueros de Suiza, directivos en Miami, contadores en Ciudad Panamá. Todos ganan. Pero todos callan.

Y mientras, un maestro en San Salvador gana mil trescientos dólares al mes. Y un enfermero en Asunción trabaja doble turno porque no alcanza. Y un ingeniero en Caracas emigra, no por sueños, sino por hambre.

Hay una foto que no se borra: una isla tropical, palmeras, mar turquesa. Pero flota en el aire. Sobre un abismo. Es la imagen del artículo, aunque no lo digan. Es metáfora. O no. Tal vez sea real. Porque hay islas así. Islas que no están en los mapas, pero que tienen direcciones legales. Islas de papel. Islas de deuda. Islas de nadie.

Hablo con un exfuncionario de Hacienda en Montevideo. No quiere que diga su nombre. Me dice: “acá no se lava dinero. Se blanquea. Legalmente. Con tratados. Con asesoría británica. Con leyes hechas a medida”.

¿Cuál es la diferencia? Le pregunto.

Me mira. Y sonríe. Como quien ya no cree en las palabras.

No sé si volveré a ver a Eduardo en el banco. Hoy no entró. Dijo que ya no sirve. Que todo se negocia afuera. Que los libros están limpios. Que las cuentas cierran.

Pero no cierran.

No mientras doce mil millones se vayan cada año.

Doce mil millones.

¿Dónde están?


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Natalie Pierce
Natalie Pierce

Natalie Pierce investiga empresas fantasma, paraísos fiscales y flujos de capital ocultos. Colaboró con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en los Pandora Papers y los FinCEN Files. Su trabajo se basa en filtraciones, registros corporativos y análisis de redes de propiedad beneficiaria. Estudió Relaciones Internacionales en Georgetown y tiene una maestría en Periodismo de Investigación Financiera de la London School of Economics.

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