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El declive de las instituciones de paz: ¿nuevo orden o caos global?

El Declive de las Instituciones Internacionales: La Nueva Realidad de la Resolución de Conflictos

El edificio de Naciones Unidas en Nueva York parece más vacío que nunca. Los corredores que antes se llenaban de diplomáticos y funcionarios ahora están desiertos, y los debates en el Consejo de Seguridad a menudo se reducen a discursos de cortesía sin resultados tangibles. La competencia entre las grandes potencias, el auge de mediadores ad hoc y los recortes presupuestarios han erosionado el papel de las instituciones multilaterales en la gestión de conflictos. Pero, ¿qué ocurrirá si estas instituciones dejaron de existir? Y, más importante aún, ¿qué se perderá con su desaparición?

En Haití, las bandas criminales controlan amplias zonas del país, y el gobierno lucha por mantener el control mínimo. “Es como estar en una ciudad sitiada,” dice Ana Pérez, una trabajadora humanitaria de 33 años que ha pasado años en el terreno. “Los cascos azules solían ser una presencia constante, pero ahora vemos la violencia escalar sin control. Los nuevos mediadores llegan y se van, pero el caos permanece.”

La administración Biden, frustrada por la inacción del Consejo de Seguridad, optó por una fuerza ad hoc liderada por Kenia. Sin embargo, esta fuerza ha enfrentado problemas logísticos, financieros y de coordinación que la han dejado “gravemente infradotada,” según Crisis Group. La administración Trump, por su parte, ha descartado la idea de una misión de cascos azules, dejando a Haití en un limbo de inestabilidad y violencia.

En Gaza, el panorama es igualmente sombrío. Después de los ataques de Hamás contra Israel, el gobierno israelí ha marginado a la ONU y a sus agencias. “La UNRWA ha sido nuestro sostén durante décadas,” comenta Samir Darwish, un palestino de 42 años que dirige una escuela en la Franja. “Con la fundación humanitaria de Estados Unidos, la ayuda es inestable y a menudo no llega. Las fuerzas israelíes atacan nuestros centros de distribución, y la gente tiene miedo de salir a buscar comida.”

El esfuerzo alternativo respaldado por Estados Unidos ha degenerado en el caos, con civiles palestinos asesinados en los centros de distribución. Los expertos en ayuda humanitaria temen que este modelo ad hoc pueda ser replicado en otros conflictos, dejando a las comunidades más vulnerables sin una red de seguridad confiable a largo plazo.

La desinstitucionalización de la resolución de conflictos no es solo una cuestión de eficiencia, sino de legitimidad y confianza. “El sistema de la ONU tiene sus fallos, pero ofrece un marco imparcial y reconocido,” señala Gustavo Fernández, un diplomático retirado de 55 años que ha trabajado en múltiples misiones de paz. “Sin ese marco, los acuerdos de paz son volátiles y menos sostenibles.”

En el caso de Sudán, los enviados de la ONU han sido marginados políticamente, y los esfuerzos de mediación de funcionarios africanos, diplomáticos saudíes y representantes europeos han tenido resultados mixtos. “No está claro qué país o institución podría tender puentes,” afirma Alan Boswell de Crisis Group. “La falta de un actor central y reconocido dificulta la construcción de confianza y la implementación de acuerdos.”

En Myanmar, la ONU también ha sido eclipsada por otros actores, y la violencia ha continuado sin que haya una solución clara a la vista. “La ONU tiene la experiencia y la legitimidad, pero los intereses geopolíticos han paralizado sus esfuerzos,” explica María Sánchez, una activista de derechos humanos de 38 años que trabaja con refugiados birmanos en Tailandia.

La desconfianza en las instituciones internacionales va más allá de la eficiencia. En Malí, el gobierno exigió la retirada de la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU, alegando que los informes sobre derechos humanos eran parciales. “Las instituciones formales a veces son vistas como una restricción a la soberanía,” comenta José Rodríguez, un analista político de 40 años. “En situaciones de crisis, muchos gobiernos prefieren soluciones ad hoc que les permitan mantener el control.”

Sin embargo, la fragmentación del sistema internacional no significa necesariamente el fin de la cooperación multilateral. En muchos casos, los países siguen buscando apoyo y respaldo en las instituciones, aunque con mayor cautela. “La ONU sigue siendo un espacio donde diferentes regiones pueden compartir perspectivas,” sostiene Ana García, una funcionaria de la ONU de 45 años. “Pero su papel operativo se está reduciendo gradualmente.”

A medida que el sistema internacional tiende a fragmentarse, algunas partes del sistema posterior a la Guerra Fría aún pueden desempeñar un papel útil. “Los líderes de la ONU y otras instituciones tendrán que mostrarse emprendedores y convencer a los Estados miembros de los beneficios de la cooperación,” afirma el experto de Crisis Group Richard Gowan. “Ya no se puede dar por sentado que serán incluidos en las iniciativas de paz.”

Parafraseando a Winston Churchill, solo hay una cosa peor que hacer las paces con las instituciones internacionales: hacer las paces sin ellas. En un mundo cada vez más complejo y polarizado, la pérdida de estas instituciones deja una pregunta incómoda en el aire: ¿Quién garantizará la paz y la seguridad cuando los gigantes multilaterales ya no estén para sostener el equilibrio?


Escrito por una persona 😊, no por la IA.

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Ethan Brooks
Ethan Brooks

Ethan Brooks es periodista de investigación especializado en política interna de EE.UU. y su impacto global. Trabajó en The Boston Globe y colaboró con Reuters en coberturas sobre elecciones, seguridad nacional y alianzas en América Latina y Asia. Estudió Ciencias Políticas en Yale y tiene una maestría en Estudios Internacionales de la Fletcher School (Tufts).

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