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El 24 de febrero de 2022, las sirenas de guerra resonaron en Ucrania. Vladímir Putin, con su característico semblante imperturbable, lanzó la invasión que el mundo temía. Tres años y ocho meses después, las sanciones impuestas por Occidente han acorralado a la economía rusa, pero Moscú no se rinde fácilmente. Países como China y la India siguen siendo sus salvavidas económicos, aunque las represalias occidentales se vuelven cada vez más sofisticadas.
“La verdad es que, a pesar de las sanciones, la vida seguía. Pero la presión gradual ha ido haciendo mella. Ahora, se nota en cada rincón.” — Maria Petrovna, economista en Moscú, 42 años.
Bruselas aprobó el pasado jueves su decimonovena tanda de sanciones, una prohibición gradual de las importaciones de gas natural licuado (GNL) y una ampliación de la presión sobre la flota fantasma rusa. Además, restringió los movimientos de diplomáticos rusos en territorio europeo. Estas medidas son parte de un juego de gato y ratón donde Occidente intenta cerrar todas las puertas a Rusia, pero la tenacidad del Kremlin sigue sorprendiendo.
“Es como un juego de ajedrez perpetuo. Cada vez que Occidente cierra una vía, Rusia encuentra otra. Pero el tiempo y los recursos son finitos.” — Andrés Ramírez, analista político en Madrid, 35 años.
En Estados Unidos, Donald Trump rompió el aislamiento internacional de Putin al invitarlo a Alaska para conversaciones de paz. Sin embargo, aquello no dio resultado. Este miércoles 22 de octubre, Trump impuso sanciones contra las dos mayores petroleras rusas, Rosneft y Lukoil. Según Reuters, este paso ha provocado que China deje de comprar petróleo ruso, un golpe significativo para la economía rusa. Además, Estados Unidos sancionó el pasado 9 de octubre a la compañía NIS, la mayor petrolera de Serbia, controlada en un 56,1% por Gazprom y Gazprom Neft.
La UE, por su parte, sigue luchando por un consenso. El desvío de los activos rusos congelados hacia Ucrania se debate ferozmente. Buena parte de esos fondos congelados se encuentra en Bélgica, y podrían destinarse a Ucrania en forma de un préstamo de 140.000 millones de euros. La mayoría de los países europeos están de acuerdo, pero Bélgica se ha opuesto junto a Hungría, lo que ha estancado la medida.
Una de las sanciones más impactantes fue la restricción del acceso de Rusia a sus reservas de divisas en el extranjero, fundamentales para garantizar la estabilidad del rublo. Adoptada el 28 de febrero de 2022, seis días después de la invasión, esta medida es considerada en el ámbito financiero como la “sanción atómica”. Impidió al banco central ruso acceder a gran parte de sus divisas.
“Bueno… hay un lado humano que a veces se pasa por alto. Las sanciones afectan a la población rusa, no solo a la élite. La inflación, la escasez de productos, la desconfianza en el rublo. En el fondo, todos sabemos que esto tiene un costo.” — Sergei Ivanov, comerciante en San Petersburgo, 50 años.
La desconexión de los bancos rusos del sistema de mensajería segura Swift, junto con la prohibición del acceso a puertos europeos y el cierre del espacio aéreo, forman un golpe significativo. En apenas unas semanas, Rusia perdió buena parte de sus canales de pago y transporte internacionales.
Las sanciones personales también han minado el círculo de poder del Kremlin. Miles de oligarcas, altos cargos y funcionarios, incluidos Putin y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, fueron sancionados con la congelación de activos y vetos de viaje. El objetivo era presionar a la élite económica que financia la guerra.
No solo las élites fueron castigadas. Los principales organismos internacionales excluyeron a los deportistas rusos desde las primeras semanas de la invasión. Equipo de fútbol, baloncesto y balonmano dejaron de participar en los principales torneos internacionales, aislándolos del escenario global.
La medida energética más radical fue el tope de 60 dólares al barril de petróleo ruso vendido por mar, acordado por la UE en diciembre de 2022. Aunque este límite perjudicaba principalmente las ventas a China y la India, el Kremlin encontró una salida: la “flota fantasma” de petroleros sin seguro occidental. La UE ha ido afinando las sanciones, sancionando a más de 400 barcos por ayudar a Rusia a burlar las restricciones.
La principal dificultad para la efectividad de las sanciones ha sido la ayuda económica de China y la India, que ha mitigado parte del impacto. Por eso, los países occidentales extendieron sus represalias a empresas de terceros países. La UE dio un salto cualitativo en junio de 2023, imponiendo penalizaciones a quienes ayudan al régimen de Putin a eludir las sanciones. Estados Unidos sancionó a decenas de compañías de China, Alemania, Finlandia, India y Emiratos Árabes Unidos por suministrar microcircuitos de origen norteamericano para uso militar a Rusia. Incluso prohibió la importación de diamantes rusos, símbolo del lujo con el que Moscú financia parte de su economía.
“En realidad, la guerra no se gana solo en los campos de batalla. Se gana en las economías, en los bancos, en las mentes de las personas. Y Rusia está luchando en todos los frentes.” — María López, periodista en Berlín, 38 años.
¿Cuánto más durará este asedio? La respuesta está en el equilibrio precario entre la resistencia rusa y la determinación occidental. Mientras tanto, el mundo sigue observando, esperando ver quién se rinde primero. ¿O seguirá la partida de ajedrez eternamente?
Escrito por una persona 😊, no por la IA.
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